domingo, 19 de octubre de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 19 DE OCTUBRE DE 2014SIETE DÍAS/6
 

Siete Días

Paraguachón como síntesis

"La gasolina se extrae en el hombrillo frente a los guardias impasibles. 
Los de Venezuela y los de Colombia"



TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


. Era algo así como una pasarela de los más feos y destartalados automóviles del planeta. Todos de la misma generación. Los años setenta del siglo pasado. Conquistadores, LTD, Granadas, Malibús. A unos les faltaba el parachoque delantero. A otros, el trasero. Unos rodaban con el capó abierto porque recalentaban. Otros, sin parafangos. O con el vidrio trasero sustituido por un plástico y mucho tirro.

Llegué a ver incluso un chofer que manejaba sosteniendo la puerta con su mano izquierda para que no terminara de despegarse. Si se hubiese tratado de personas sería algo así como una procesión de desarrapados, tuertos, desdentados, mancos, amputados y jorobados. De inmediato pensé en Viridiana, la legendaria película de Buñuel.

Todo esto ocurría, hace exactamente un año, en Paraguachón, un punto extraviado de la geografía que hace de frontera por vía carretera entre Colombia y Venezuela. Entre el Zulia y el departamento de La Goajira. Eran más o menos las 12:00 del mediodía y bajo un sol inmisericorde, a unos 40° centígrados, kilométricas filas de motos, automóviles, camionetas pickup, camiones, gandolas y sus ocupantes aguardaban para atravesar la raya imaginaria que separa ambos países. Los vehículos encendidos, envueltos en el humo de los escapes, en medio de un asfixiante contrapunteo de cornetas.

Mientras caminaba entre los carros detenidos comencé a preguntarme a qué se parecía aquella escena catastrófica en medio de la cual, por razones que sería muy largo explicar, me encontraba como víctima y testigo. Al rato conseguí la respuesta: "Al ensayo general del fin del mundo".

2. Al atravesar la alcabala entendí de inmediato lo que ocurría. Aquellos carros moribundos, en otra época símbolo del nuevorriquismo venezolano, tenían algo muy valioso en La Goajira: unos tanques de gasolina gigantescos que modificados son capaces de cargar hasta cien litros. Por eso los mantienen con vida.

La descomunal cola se hace porque los autos setentosos van a ser ordeñados por los "pimpineros" colombianos. Una vez extraída la gasolina dan la vuelta en U para regresar de inmediato y así se va armando una especie de culebra que se muerde la cola y ya nadie puede transitar. El trancón es alucinante. Ni las 
inmensas gandolas con placas de Pasto o de Quito, ni las "chirrincheras" cargadas de goajiros y chivos pueden avanzar.

Solo se mueven los motorizados que, cual hormigas cargadas, atraviesan la alcabala llevando como parrilleros ­a la manera de un morral­ unos cilindros plásticos blancos, de más o menos un metro de alto por 50 centímetros de diámetro, por supuesto que cargados de gasolina. Cada motorizado lleva en la mano uno o varios billetes de a 100 que el guardia nacional de turno recibe a los ojos de todos como si se tratara de un impuesto oficial.

Porque aquí todo ocurre a los ojos de todos. La gasolina se extrae en el hombrillo frente a los guardias impasibles. Los de Venezuela y los de Colombia. Es una economía de gran escala. 20 litros, lo que cabe en una pimpina, que en Venezuela costaron menos de 4 bolívares, se convierten, como por arte de magia, en entre 1.200 y 1.400 bolívares, que los "gasolineros" de inmediato convierten en dólares en improvisadas mesas de cambio callejeras que exhiben, también impúdicamente, grandes fajos de dólares, bolívares y pesos.

Negocio redondo. Una ganancia de 600%. Para todos alcanza. Cada quien recibe su parte. Cuentan los lugareños que un guardia nacional puede pagar hasta 100 millones de bolívares para que lo asignen al puesto fronterizo.

3. Ahora que, de una parte, hemos comenzado a importar petróleo y gasolina, y de la otra, el precio del barril cae en el mercado internacional, he vuelto a recordar aquel encuentro. Porque en Paraguachón se sintetizan de manera dramática e impúdica los efectos deletéreos de cuatro grandes taras de la economía y la sociedad venezolana del presente: la dependencia absoluta de la renta petrolera, el control de cambio, el bajo precio de la gasolina y la corrupción generalizada. Dime qué controlas y qué dejas fluir libremente y te diré quién eres.

domingo, 5 de octubre de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 05 DE OCTUBRE DE 2014SIETE DÍAS/6
 

Siete Días

Las tenazas del monstruoSe supone que esa sumatoria de apretones conducirá a la meta final: el control pleno, absoluto, sin resquicios ni atajos alternativos posibles, del aparato político


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


o peor que podría ocurrirnos los venezolanos que disentimos del chavismo es acostumbrarnos. Terminar aceptando como si fuesen legítimos y normales los métodos inconstitucionales mediante los cuales los gobernantes rojos han ido haciéndose del poder absoluto y eliminando las libertades y derechos que garantizan la actividad política libre y la alternancia en el poder, que es el juego clave de toda democracia. 

Ha sido un trabajo sistemático que, no lo olvidemos, lleva ya 15 años desmantelando febrilmente el tejido democrático. Con un solo objetivo: garantizar la continuidad en el poder de la cúpula de mando del proyecto inaugurado por Hugo Chávez poniendo todas las trabas posibles para impedir que una opción distinta logre ganar las elecciones presidenciales u obtener mayoría en el Parlamento.

Ese ha sido el corazón de la estrategia. Como el chavismo fracasó en el intento de llegar al poder por vía de las armas, y como al final lo logró pero por vía electoral, ha tenido que aceptar una buena dosis de juego democrático que le ha impedido, o por lo menos dificultado, sus grandes propósitos de instaurar un modelo de sociedad estatista y una economía centralizada.

El camino, seguido con éxito relativo porque ha sido hecho a costa de la destrucción del aparato productivo y de la dependencia cada vez más extrema de la renta petrolera, ha tenido el especial cuidado de no cruzar precipitadamente la raya amarilla sino de ir moviéndola a la medida de sus necesidades. De manera que todo lo que se haga tenga, especialmente para la comunidad internacional, un cierto aire de legalidad democrática. 


Leopoldo López está preso y condenado públicamente por Nicolás; Rosales en el exilio huyendo del mismo destino cuando Chávez lo condenó; pero no hay partidos políticos ilegalizados. El único canal de televisión que hacía críticas al gobierno y le daba espacio notable a la oposición ya no lo hace, pero no fue cerrado por el gobierno sino comprado por un grupo empresarial. Todavía hay empresas privadas, pero el gobierno las somete a través del sistema de "precio justo" y en cualquier momento las puede expropiar.

Es como un sistema de tenazas o de correas múltiples que van paralizando y asfixiando a las víctimas ­la democracia, la economía de mercado, los ciudadanos no rojos­ pero, eso sí, poco a poco, para que no sea notorio. Como en las legendarias técnicas de tortura china, cada tenaza actúa paciente y aparentemente de manera autónoma buscando el control pleno de algún campo de la vida nacional.

La tenaza del control pleno de la comunicación y la información; la del aparato económico, especialmente de la producción y distribución de alimentos; la de la actividad política y la vida de las personas, a través de un complejo tejido entre lo militar, lo paramilitar, el sistema judicial y los aparatos de inteligencia policial y la ideología del sistema escolar. Y así sucesivamente.

Cada tenaza o cada correa va siendo cerrada a veces de modo imperceptible por apretones sucesivos. Se supone que esa sumatoria de apretones conducirá a la meta final: el control pleno, absoluto, sin resquicios ni atajos alternativos posibles, del aparato político. Al sueño, como alguna vez definiera Mario Vargas Llosa a propósito del PRI, de la dictadura perfecta.

En condiciones semejantes, con un Estado malandro y colectivos de civiles armados imponiendo su orden con absoluta impunidad y apoyo oficial, en un lugar donde desconocer la voluntad popular que eligió a un diputado, o nombrar a un militante del partido de gobierno como árbitro electoral es absolutamente normal, siempre habrá que hacerse las preguntas sobre: ¿cómo se hace política cuando no estamos ante una democracia pero tampoco ante una dictadura militar tradicional? ¿Como hacer oposición y construir una nueva mayoría si todos los canales que permiten la democracia cada vez se cierran más? Un reto para la imaginación y el pensamiento ahora que, como ha escrito Alonso Moleiro, la unidad democrática encuentra con el nombramiento de Chúo Torrealba una renovación del optimismo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 28 DE SEPTIEMBRE DE 2014SIETE DÍAS/6
 

Siete Días

El mérito de la ignorancia 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


s como si al momento del despegue el piloto designado para conducir, digamos, un Airbus le informara a los centenares de pasajeros ya instalados en cabina que desconoce de esos aviones, que no ha sido entrenado para manejarlos y, peor aún, nada sabe de aviación.

Algo análogo acaba de ocurrir en Venezuela con el ministro de Cultura. Dos semanas después de su nombramiento, Fernando Iturriza, el nuevo ministro, se deja entrevistar enÚltimas Noticias y declara que pensó: "Yo no sé nada de cultura, por qué me van a poner ahí".

Las consecuencias de esta confesión no serán ni han sido las mismas que tendrían la del piloto. No ha habido ni habrá escenas de pánico. Artesanos recogiendo su equipaje de mano y huyendo. Ni músicos renunciando a su cuota anual en el programa de Cultura Popular, solo porque el nuevo ministro confiesa su ignorancia plena de la materia en la que ahora es máxima autoridad.

Pero, desde el punto de vista ético, político y gerencial, ambas confesiones tienen el mismo significado. Si una persona acepta pilotar un avión sin conocer el oficio, y otra, conducir un ministerio sin saber de la materia ni tener experiencia alguna en el campo que administrará, pues, estamos ante dos irresponsabilidades, dos formas de irrespetar las trayectorias profesionales del área y a los ciudadanos a los que se supone deben servir.

Pero la declaración del pasado 21 de septiembre, en la entrevista firmada por Víctor Amaya, también pone en evidencia a quien tomó la decisión. Porque al nombrar como ministro a alguien que confiesa desconocer el campo, y tampoco es un destacado gerente con trayectoria en la gestión pública, el presidente espurio demuestra su desprecio profundo por una comunidad y por una dimensión de la vida social contemporánea ­la de la cultura y las políticas culturales­, cuya importancia para el desarrollo humano es cada vez más reconocida por los países y gobiernos contemporáneos. Subestimación pura: Nicolás no ha puesto al frente de Salud a alguien que no sea médico.

En la actualidad la gestión cultural ha adquirido tal importancia que es objeto de doctorados y maestrías.

Quien escribe estas líneas ha sido profesor por largos años en muchas de ellas en América Latina y Europa. Y sabe bien que en los países que tienen gobiernos con vocación de servicio se le entregan estas responsabilidades a gente con formación especializada.

Miremos por ejemplo a Brasil, Lula ­quien se supone es admirado por los rojos­ tuvo como ministro de Cultura al músico y activista cultural Gilberto Gil, quien hizo una brillante gestión convertida en ejemplo internacional. Colombia, luego de la Constitución de 1991, a un experto hombre de teatro, Ramiro Osorio, quien al terminar su gobierno fue invitado a México a dirigir el Festival Cervantino. Y en Cuba el ministro Abel Prieto, aunque sirva a una tiranía, es un poeta que hizo previamente una larga carrera como gerente cultural.

Sin ir muy lejos. En Venezuela el primer departamento de Cultura a escala nacional lo creó Luis Beltrán Prieto Figueroa, maestro y poeta, cuando fue ministro de educación en 1948. El Inciba, el primer instituto autónomo de la democracia dedicado a la cultura, fue concebido por ese brillante escritor del continente llamado Mariano Picón Salas, quien murió cuando se disponía a dirigirlo. Y cuando a José Antonio Abreu, tan respetado por Hugo Chávez, le correspondió ser presidente del Conac, en el segundo gobierno de Pérez, ya había sido Premio Nacional de Música y creado y dirigido durante catorce años el Sistema Nacional de Orquestas, experiencia que le permitió hacer también una gestión memorable.

Ojalá a Iturriza no le ocurra algo similar a aquella ministra de cultura española en un gobierno de Aznar, escogida por similares razones de la ignorancia como mérito, quien en plena Feria del Libro de Guadalajara declaró a los medios estar muy emocionada porque aquel día iba a conocer "a esa brillante escritora portuguesa llamada Sara Mago". 

domingo, 14 de septiembre de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 14 DE SEPTIEMBRE DE 2014SIETE DÍAS/6
 

Siete Días

Dos impotencias se balanceaban 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


ay escasez. La gente hace larguísimas colas frente a los supermercados a la caza de los productos perdidos. Harina, papel tualé, leche, pollo. Por largos días nada llega. Pero al final algo aparece y hay consuelo. No hay hambruna, recuerda alguien, como las de África o de China.

El gobierno trata de imponer un "captahuellas biométrico" ­así llaman el dispositivo­ en tiendas y supermercados para regular qué y cuánto pueden comprar cada persona. Que es sólo una medida preventiva, advierten los rojos. No una tarjeta de racionamiento, como la de los países comunistas. Aún no.

En una espiral que crece exponencialmente, los venezolanos por montones emigran del país.

1.600.000, 6% de la población se calcula, ya ha dicho adiós. Pero la mayoría lo hace por avión y pasaporte legal. No se ha visto a nadie escapando, como los cubanos, en una frágil balsa hecha con neumáticos, exponiendo la vida en la tétrica oscuridad de la noche en alta mar. Si se consiguen pasajes, se puede salir libremente. Todavía.

El promedio de personas asesinadas por año, la mayoría con armas de fuego, supera desde 2011 el número de 20.000. Pero no hay una guerra civil. No nos estamos matando en dos ejércitos, como los sandinistas y la contra. Claro, comparando las cifra salimos perdiendo. En la guerra de Nicaragua, en unos 6 o 7 años, murieron poco más de 30.000 personas. En cambio, sólo el año pasado en Venezuela, asesinaron 23.763. Pero guerra, que se diga guerra oficialmente declarada, no hay.

Tampoco estadios convertidos en campos de concentración, ni Caravanas de la muerte, como las de Pinochet. Pero en los tres meses que duraron las protestas populares conocidas como "La salida", murieron 47 personas, una buena parte de de ellas abaleadas ­así lo registraron las cámaras de los celulares­ por miembros de los grupos paramilitares gubernamentales conocidos como "colectivos". Según el Foro Penal, más de 3.000 venezolanos pasaron por los calabozos de cárceles comunes acusados de terrorismo, de los cuales 1948 fueron puestos en libertad pero con medidas cautelares, 117 siguen detenidos y, según Provea, al menos 135 fueron torturados en los centros de detención.

La Constitución garantiza la libre actividad de los partidos políticos, pero el gobierno le declaró una guerra de extinción a Voluntad Popular. Su sede central es allanada con frecuencia. Leopoldo López, su líder máximo está preso, declarado culpable públicamente antes del juicio por el presidente espurio. Dos de sus dirigentes más importantes han tenido que huir del país para no correr la misma suerte. Igual que lo han hecho una centenar de activistas y dirigentes de otras organizaciones de la alternativa democrática. Pero, en términos legales, no hay partidos proscritos. Todavía no.

Chávez amenazaba todos los días al imperio. Le declaraba la guerra. Satanizaba al capitalismo. Pero nunca le negó un solo barril de petróleo. El combustible venezolano hacía volar los aviones gringos que bombardearon a Irak y su amigo Hussein. Estatizaciones más, expropiaciones menos, el capitalismo en Venezuela sigue vivo. La economía socialista es sólo un deseo.

Una anuncio publicitario. El dólar paralelo marca la economía real. Hasta nuevo aviso.

Es la ambigüedad en la que vivimos. Dos impotencias. La de los rojos, cada vez más extraviados, que escudan su ineptitud para construir el cielo en la tierra transfiriendo la culpa a las guerras, especialmente la económica, desatadas en su contra por imperio, la oligarquía nacional y la oposición. Y, la de la alternativa democrática, que no logra construir un proyecto de futuro capaz de convocar la voluntad política de masas ni conciliar la postura de quienes postulan seguir haciendo política como si estuviésemos en democracia y la de quienes creen que es una pérdida de tiempo porque hace rato que la democracia desapareció.

Nada fácil. Las tiranías ya no son como antes. Los demócratas tienen muchos dilemas que resolver. No es sólo un tema de acción. El pensamiento también existe.

 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Dios no nació en Sabaneta

Si María Estrella Uribe, con el propósito de alabar al Comandante Supremo, como llaman sus fieles a Hugo Chávez, no hubiese modificado el Padre Nuestro sino un versículo del Corán, y lo hubiese leído públicamente no en Venezuela sino en algún país donde opere el Estado Islámico, para el momento de escribir estas líneas hace rato que debería haberse quedado sin cabeza. Con transmisión en vivo y a manos de alguno de los fanáticos yihadistas que se han especializado en degollamientos globales de herejes.
La señora Uribe es la autora de “La oración del delegado”, una versión del Padre Nuestro en la que se sustituye la figura de Dios por la de Hugo Chávez, “que estás en el cielo, en la tierra y en los mares” dice el rezo, y en la que se le ruega al conductor del golpe militar de 1992: “Danos hoy tu luz para que nos guíe todos los días y no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad, la oligarquía y el delito del contrabando, por los siglos de los siglos. Amén”.
Parece un mal chiste. Pero no lo es. Al final de un Congreso del PSUV, la autora fue llamada al presídium a leer, conmovida, la oración bajo la mirada aprobatoria de su alta dirigencia y el aplauso frenético de los más de 2.000 delegados, todos y cada uno uniformemente vestidos de rojo, convirtiéndola así en un texto oficial.
Para un creyente, el Padre Nuestro, como el Credo, son sagrados. La oración a Chávez, por tanto, se convierte en una burla y un irrespeto a su fe. Así lo ha explicado por estos días el Arzobispado de Caracas en un comunicado público. “El Padre Nuestro –dice el comunicado– proviene de los mismos labios de Nuestro Señor Jesucristo en el Sermón de la Montaña (Mt. 6,9-13), y por ello es intocable. Así como a nadie se le permitiría cambiar la letra del Himno Nacional para honrar a una persona, tampoco a nadie es lícito cambiar el Padre Nuestro o alguna otra oración cristiana”. Luego el documento concluye: “Quien dijera esta nueva e indebida versión del Padre Nuestro estaría cometiendo el pecado de idolatría, por atribuir a una persona humana cualidad o acciones propias de Dios”.
Es la interpretación religiosa del hecho. Que, dogma teológico aparte, en su segunda parte no dista mucho de una lectura sociológica. La perversión mayor de “La oración del delegado”, y la de todas las operaciones de culto a la personalidad, es “atribuir a una persona humana cualidad o acciones propias de Dios”. O de superhéroes, podríamos agregar.
No es nada nuevo. Kim Il-sung, el dictador coreano se hacía llamar oficialmente “Nuestro padre celestial”. Stalin, en versión más popular, era “el Padrecito”. Y Leni Riefenstahl, cineasta oficial del nazismo, enEl triunfo de la voluntad, un documental sobre el Congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934, arma una secuencia del avión del führer arribando a Nuremberg que, con música de Wagner atrás, intenta hacer sentir a los creyentes que se trata del mismísimo Dios brotando entre las nubes.
Como no solo quieren el poder, también poseer el corazón, las creencias y la fe de los ciudadanos, los modelos totalitarios hacen cualquier cosa para lograrlo, incluyendo el culto al Jefe Único. En América Latina ya conocíamos el de Fidel y, un poco más un poco menos, los de Perón y Evita. Pero ninguno de ellos había llegado a los desafueros mística y grotescamente manipuladores del chavismo.
Venezuela se va llenado de capillas con avisos de entrada “Altar a Santo Chávez”; murales con las Tres Divinas Personas: Cristo, Bolívar y Chávez, y; de versiones pictóricas de La Última Cena en donde Chávez ocupa el lugar de Jesús y Marx, el Che, Fidel y hasta Marulanda, el jefe guerrillero colombiano, el de los apóstoles.
Esta semana, luego de ver a Uribe rezando “La oración del delegado”, y a Maduro ahogándose sin salvación en la acuosidad babosa de su propia retórica, terminé de comprender por qué hay quienes creen que Venezuela ya no es una república sino un sanatorio mental donde los pacientes tomaron el control y aseguran que los médicos están locos.

domingo, 31 de agosto de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 31 DE AGOSTO DE 2014SIETE DÍAS/6
 

Siete Días

Dos países 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


o somos los primeros. Ni seremos los últimos.

Otros lo han vivido igual. Los cubanos exiliados en masa por el comunismo. Los españoles por la Guerra civil. Argentinos, chilenos y uruguayos por las dictaduras militares. Colombianos por la saga pobreza, guerrilla, paracos, narcos.

Ahora somos los venezolanos quienes nos sabemos dos grupos humanos. Uno, que vive y seguirá viviendo dentro de la geografía que lleva por nombre Venezuela. Y otro, cada vez más numeroso, que hace o hará una nueva vida nueva fuera del territorio nacional. Los que se van.

Las estadísticas se hacen innecesarias cuando el peso de la realidad te abruma. Y en Panamá ­una ciudad modesta que lleva en el pecho un enclave de alucinante arquitectura a lo dowtown de Houston­ la presencia de los inmigrantes venezolanos es más que notoria. Una verdadera invasión, dicen algunos. Mucho más evidente, quizás por el tamaño de la ciudad y el país, que en Miami o Madrid. Dos de los otros destinos favoritos.

En una semana de visita tuve la oportunidad de conversar con muchos. Escuché relatos trágicos explicando la huida. Sencillos: "Pasé dos años buscado un apartamento en alquiler. Nunca lo conseguí al precio que podía pagar.

Aquí, en un semana". Crueles: "A mi hijo de 4 años una bestia le puso una pistola en la cabeza para quitarle un Nintendo". Cinematográficos: "Una joven de 16 años estuvo secuestrada dos meses. Su padre, un millonario, contrató un escuadrón israelí para rescatarla y se encontró con que el jefe de la banda era un general chavista activo.

Ahora viven aquí". Duros: "Tuve que atropellar a una mujer que se me atravesó en la madrugada apuntándome desde una moto y como en la Venezuela chavista no hay seguridad jurídica, me di a la fuga. Compré un pasaje y aquí estoy. Mis hijos salen a la calle sin miedo" Los emigrantes venezolanos que conocí efectivamente están comenzando una nueva vida. Tienen formación, capacidad de trabajo y, algunos, capitales.

Me encontré con músicos de excelencia, producto del Sistema de Orquestas, dando clases en colegios prestigiosos. Posgraduados de las becas Ayacucho, expulsados por el sectarismo rojo luego de años de servicio al Estado venezolano, convertidos ahora en prósperos empresarios. Jóvenes profesionales comenzando una carrera que en Venezuela no pudieron concretar. Comerciantes exitosos desarrollando con entusiasmo una segunda oportunidad.

Sus sentimientos hacia Venezuela varían. Hay quienes la "nostalgian", para usar el verbo de mi vecino de página. Otros aguardan pacientemente que se vayan, o que caigan, los rojos y cese la violencia, para entonces regresar. Pero me impresionaron notablemente, me perturbaron sería la palabra correcta, aquellos que -como los amantes engañados- odian al país con saña. "Perdóname, pero quisiera olvidar que nací allí, hacerme colombiano o panameño, borrar a Venezuela para siempre de mi corazón", me dijo alguien que apenas roza los 40 años de vida pero debe tener unos 500 de desilusión.

Toda migración masiva genera conflictos. En unos casos, desprecios. "Sudacas" llamaban en España a los trabajadores suramericanos emigrantes.

"Euracas" llaman ahora en Ecuador, a los españoles que por montones están haciendo el viaje inverso. Y, aunque no tienen un mote particular, o por lo menos no lo conocí, en Panamá se cuece a fuego lento una explícita antipatía, en algunos casos muy bien ganada, hacia lo que los nacionales consideran arrogancia, petulancia y malas maneras de la migración venezolana.

Digo "en algunos casos bien ganada" porque, aunque ninguno de los  que traté responde a ese perfil, y agradecen a Panamá y a los panameños su hospitalidad, existe un cierto tipo de venezolano déspota, clase media acomodada ­de los de antes o de los nuevos, los boliburgueses­, una estirpe de nuevos ricos "echones", que compensó sus carencias humanas con ropa,  accesorios de marca y el tamaño de las camionetas 4X4. Si en Venezuela ya son insoportables, hay que imaginar cuán odiosos deben resultar de migrantes en otro lugar.

En eso, también, somos dos países.

domingo, 17 de agosto de 2014

Tragedia colectiva

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Haber contado, en esta misma página, el domingo pasado, un incidente de atraco del que fui victima, me ha permitido corroborar personalmente el grado de desesperación que genera entre los venezolanos el clima de inseguridad y el asedio de la violencia, el robo y el homicidio, que se vive en todo el país sin distingos de clase, edad o sexo.
Es como una epidemia cruel. Durante toda la semana, fui recibiendo mensajes de todo tipo. Desde personas, incluyendo amigos cercanos, que me expresaban su solidaridad ante lo ocurrido, acto que agradezco, hasta, y esto es lo más importante sociológicamente hablando, otras que contaban las experiencias traumáticas que ello mismos o familiares y amigos cercanos han vivido en el terreno de los atracos, robos, secuestros y asesinatos cometidos por delincuentes armados.
Ha sido como una avalancha. Algunos dicen más o menos así “Señor Hernández, lamento lo que ha vivido pero permítame decirle que a mi hijo le ocurrió lo mismo sólo que quienes le pusieron la pistola en la sien eran uniformados. Por eso se fue, ahora vive en Australia”. El texto se repite, como un calco. Lo que varía son las ciudades donde ocurrió el hecho y aquellas a donde emigraron. “A mi hermano lo secuestraron en Valencia y ahora está en Panamá”. “Yo recibí un tiro en un robo en San Cristóbal y ahora vivo en Miami”. Y así sucesivamente.
Lo que me ocurrió, y conté en esa columna, no fue otra cosa que vivir en carne propia lo que obviamente es una tragedia colectiva. Según los estudiosos del tema, a diferencia del resto de países de América Latina donde la gente emigra básicamente por razones económicas, la mayoría de los venezolanos lo hacen huyendo de la inseguridad. Tanto la que genera la violencia delincuencial como la inseguridad jurídica y la amenaza a las propiedades –viviendas, fábricas, empresas agropecuarias– que el régimen chavista ha promovido a lo largo y ancho del país.
Por eso la migración venezolana es fundamentalmente de profesionales universitarios. No de mano de obra barata. Tuve, por esta semana que hoy concluye, la oportunidad de conversar con el sociólogo Tomás Páez, quien viene desarrollado una investigación entre los venezolanos que han emigrado –1.600.000, 6% de la población, según sus cálculos– y me explicó que en una encuesta que aún procesa la mayoría son profesionales universitarios y cerca de 40% con estudios de tercer nivel.
Es como una estampida. Basta pasar en Caracas frente a las embajadas y consulados de España, Italia o Estados Unidos, o presenciar las colas que se hacen en las oficinas de la Plaza del Rectorado de la UCV de gente solicitando sus notas certificadas, para verificar el fenómeno de huida colectiva de un país.
Lo curiosos es el más que obvio desinterés del gobierno rojo ante el fenómeno que ha segado, en estos últimos catorce años de desgracia nacional, la vida de 200.000 venezolanos. No ha habido en estos largos años un solo gesto, una iniciativa de aliento grande, un programa de alianza nacional, para enfrentar lo que sin duda es una de las más grandes calamidades que ha vivido Venezuela en toda su historia republicana.
Hugo Chávez, un hombre que hablaba de cualquier cosa y largamente, que podía pasar horas dando lecciones sobre química cuántica, lingüística degenerativa o el papel de la electricidad en la Nueva Política Económica de Lenin, eludió de manera sistemática el tema durante los catorce años que estuvo al frente del gobierno. Ni siquiera lo mencionaba. A sus ojos no existía. Recibió el país en 1999 con una cifra ya alta de homicidios, 4.550 ocurrieron en 1998, y lo entrego cuando la muerte vino por él, con la cifra quintuplicada de 20.000 homicidios en el año 2012. Ese es uno de sus más importantes legados.
Parece que el teniente Diosdado Cabello ha dicho que a quien no le guste la inseguridad que se vaya del país. Mucha gente lo ha hecho. Pero, para su desgracia, mucha otra no y actúa políticamente tratando de liberar a Venezuela de la epidemia de asesinatos. Y, por supuesto, del Estado malandro.