domingo, 29 de mayo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 29 DE MAYO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

La ola robada"Cuando es oficiada por las izquierdas, ya sean estas democráticas o marxistas, borbónicas o bananeras, al menos enAmérica Latina, la corrupción es doblemente criminal"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


1. La corrupción, el manejo doloso de los dineros del Estado y los contribuyentes, no importa si es oficiada por un príncipe o un presidente, un alcalde o un gerente de una empresa petrolera, es uno de los actos más indignos que persona alguna pueda cometer en el ejercicio de funciones públicas. Pero cuando es oficiada por las izquierdas, ya sean estas democráticas o marxistas, borbónicas o bananeras, al menos en América Latina, la corrupción es doblemente criminal. Porque al delito compartido hay que agregarle la dosis de hipocresía y cinismo, de traición a la palabra y a los seguidores de movimientos políticos que generalmente acceden al poder con un discurso moralista y redentorista anunciando la entrada de un grupo humano inmaculado que jamás tomará para sí ni un mediecito abandonado por error en una mesa de reuniones.

2. El primer gran escándalo de corrupción de un movimiento heroico de izquierda que asciende al poder se lo debemos a los sandinistas. Luego de haber derrocado a la dinastía Somoza, los sandinistas fueron la última ilusión internacional de construir un modelo político que, en el intento de generar equidad y reducir las desigualdades, no repitiera ni los horrores del comunismo cubano, ni las omisiones de las democracias "burguesas" latinoamericanas.

Pero no fue así. Seducidos por el fidelismo, los sandinistas fueron copiando lo peor del comunismo; en choque con la Guerra Fría, aún viva, y el belicismo de Reagan, terminaron metiendo al pequeño país en una cruenta guerra; y, lo peor, una vez que se vieron derrotados, sus dirigentes iniciaron un proceso masivo de corrupción asquerosa conocida como "la piñata".

Ortega y sus iguales dejaron de ser para nosotros, estudiantes de la época que los admirábamos, guerrilleros heroicos y pasaron a ser ladronzuelos de la misma calaña que Somoza. Nuestro grupo de Sociología fue presa del despecho social y para exorcizarlo, después de clases, escuchábamos boleros y bebíamos cervezas baratas en las transversales de Sabana Grande.
3. Cuatro décadas después, otros jóvenes universitarios "progresistas" deben estar pasando algo semejante. La corrupción, ese fenómeno perverso incrustado como garrapata terca en el ADN de las repúblicas latinoamericanas, ha terminado llevándose en sus cachos nos solo a Dilma Rousseff, Lula Da Silva y al Partido de los Trabajadores, sino a la esperanza de que se podría construir un modelo político que sacara a millones de brasileños de la pobreza sin violentar la institucionalidad democrática, protegiendo las libertades económicas y la iniciativa privada, respetando la alternancia y el pluralismo político. Pero, adiós, ahora hasta Lula, por muchos años modelo de virtudes, puede ir preso. Como Cristina Fernández. Como los manejoa dolosos de una ex pareja de Evo Morales   y como los millones de dólares extraviados en el Fondo Indígena.de Bolivia..

4. Noam Chomsky, desde su encierro en Harvard, lo avizoró meses atrás. Dijo que al Socialismo del siglo XXI lo iba a destruir la corrupción. Eso que los scholars gringos les dio por llamar la "ola rosada", el aparente surgimiento en America Latina de una izquierda que llegaba al poder por elecciones y no por las armas, y respetaba el juego democrático, pasará a la historia no por haber derrotado la pobreza sino por haberse convertido en un selecto club de rateros.

5. En Amaneció de golpe, la película de Carlos Azpúrua sobre la bastarda asonada militar de 1992, un militar delgado y joven, se dirige a la tropa que comanda: "Vamos a tomar la casa de gobierno. Esta es una insurrección para devolverle al país la dignidad que un grupo de traidores corruptos le han arrebatado", arenga.

La escena me hace reír y llorar a la vez. Me imagino a los obesos jefes militares del presente tratando de entrar en aquellos uniformes del 92. Sonrío. Concluyo que si hubiese un nuevo golpe, ojalá que no, que nunca más, los jóvenes insurrectos de hoy no tendrían nada que inventar, solo repetir el mismo parlamento del film de Azpúrua: "...que un grupo de traidores corruptos le han arrebatado". Lloro.

6. No era la "ola rosada". Era la "ola robada". 

domingo, 15 de mayo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 15 DE MAYO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

El supercoronel Lugo"¿Están tan rabiosos, odian tanto a los demócratas, que no pueden contenerse? ¿O será solo un asunto de ganar puntos para el ascenso pendiente?"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


i el gobierno rojo actúa como es previsible, el 11 de mayo podría ser declarado festivo. Algo así como el Día del Militar Revolucionario.Porque en el transcurso del miércoles un coronel (aunque otros dicen que es un comandante) de la Guardia Nacional, el coronel Lugo se supone, escenificó lo que mirado inocentemente no pasa de una rabieta arrogante de un guapo y apoyado; desde el fanatismo propio de los rojos puede considerarse un acto heroico y desde una análisis político serio, un gesto preocupante de indisciplina militar.

El miércoles fue un día de manifestaciones de protesta en todo el país para exigirle al Consejo Nacional Electoral que cumpla con el mandato de convocar el referendo revocatorio. También de vejaciones y violencia oficial. En Caracas un grupo de manifestantes, entre quienes se encontraba Diego Hernández, fue confrontado por un piquete de efectivos de la Guardia Nacional que le impidió el paso en los alrededores de la Plaza Venezuela. Pero los activistas no se amilanaron y, en un ardid genial, tomaron por un vado verde y lograron llegar a la autopista Francisco Fajardo. Allí los detuvo otro piquete, esta vez más numeroso, y les impidió continuar.

Fue entonces cuando Diego Hernández decidió adelantarse hasta llegar a las puertas de la sede del Consejo Nacional Electoral. Allí se apostó, solo, con un pequeño cartel que rezaba: "¡Revocatorio ya!". El coronel (o comandante) Lugo lo avistó y como un Superman tercermundista voló hacia el joven. Le arrebató de sus manos el cartel. Lo rompió con ira, como Savonarola ante un pecado mortal. Les ordenó a los guardias nacionales presentes que levantaran un informe y lo acusaran de agredir a un uniformado y de resistirse a la autoridad. Y así Diego, el anatema, terminó esposado y bajo custodia en los predios del CNE.

Eso fue lo que contó al día siguiente en el programa de radio conducido por César Miguel Rondón, un pana "duro de callar", como dice un vecino. Si fuese una película oficialista, hecha en la Villa del Cine, la escena terminaría con el coronel Lugo subiendo marcialmente por las conocidas rampas del CNE, mientras Así habló Zaratustra de Strauss suena al fondo, camino de la oficina de esa dama de la imparcialidad llamada Tibisay Lucena, la presidenta del organismo electoral, a quien le entrega como trofeo de guerra los restos mortales del cartelito traidor a la patria.

El coronel dice: "Misión cumplida", saluda militarmente a la comandante, gira 180 grados, levanta la pierna derecha y se retira con una sonrisa de satisfacción. Piensa para sí mismo que él sólo, con sus propias manos, arriesgando su vida ante la ferocidad de un representante de la oligarquía, ha salvado a la nación de una amenaza.

Aunque no es para reírse. Este tipo de "héroes" abundan en este período amargo de nuestra historia. Recordemos la oficial aquella que aporreaba una y otra vez con su casco, hasta fracturarle los pómulos, a una manifestante en los sucesos de febrero de 2014. O aquella otra que tomó por el cabello a otra manifestante en enero de 2003 debajo del elevado de la avenida Libertador, la lanzó al piso y estuvo pateándola por minutos permitiendo varias grabaciones que se hicieron virales. O el general Acosta Carlés eructando desafiante frente a las cámaras de televisión luego de beberse a lo bestia un refresco en el allanamiento a un depósito de Empresas Polar cuando el paro cívico de 2002-2003.

¿De dónde el plus de iracundia y desprecio? ¿Por qué un oficial tiene que degradar sus funciones actuando como un malandro poseído por el crack? ¿Se trata de una estrategia cubana para amedrentar? ¿Están tan rabiosos, odian tanto a los demócratas, que no pueden contenerse? ¿O será solo un asunto de ganar puntos para el ascenso pendiente? 

Lo interesante es que Diego, al final de la entrevista, le confesó a Rondón que los guardias nacionales rasos lo habían tratado muy bien, incluso le habían dado comida y lo había felicitado por su protesta cívica. "Parece que los malos son los jefes", concluyó.

 

lunes, 9 de mayo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 08 DE MAYO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

El poeta y el general"Ni todos los generales han sido abusadores del poder, ni todos los poetas, lúcidos. El oficio de militar no es una condena. Ni el de poeta una absolución "


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


o hay nada más peligroso y triste, recurrente en la historia de América Latina, que un general o un teniente coronel ignorantón y hambriento de poder. Ni nada más peligroso para ese general, y sus asociados, que un poeta lúcido. Pero eso sí, debemos recordar que ni todos los generales han sido abusadores del poder, ni todos los poetas, lúcidos. El oficio de militar no es una condena. Ni el de poeta una absolución.

De poetas malos, y uno que otro tramposillo que haya puesto sus versos al servicio de algún general cruel, están llenas las tiendas de libros viejos. En cambio ha habido generales venerados como el gigantón antifascista Charles de Gaulle, o muy queridos como Wolfang Larrazábal, convertido en civil candidato presidencial que incluso deleitaba a sus posibles votantes con canciones que acompañaba él mismo tocando cuatro.

Obviamente siempre es más fácil y grato recordar a un poeta que a un general. Es muy difícil que un poeta encabece un genocidio. Dentro de un siglo es más probable que alguien recuerde aquel verso que dice: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche", que la llamada por radio de "Manden a ese excremento envuelto en un saco de papas a Cuba". El primero, ya lo sabe el lector, es Neruda, el segundo Pinochet hablando de Allende ya convertido en cadáver en el Palacio de la Moneda.

Un buen ejemplo del funcionamiento de la memoria colectiva es la manera entusiasta como, al menos en el mundo occidental, se conmemoran este año los 400 años de las muertes de los grandes de la lengua inglesa y española, Shakespeare y Cervantes.

Si hiciéramos un cuestionario de quiénes eran en ese momento los ministros de la Defensa en sus respectivas naciones seguro nadie lo recordaría. Primero, porque cuando los autores de Hamlet y El Quijote murieron, no había ministros de la Defensa. Y, segundo, porque todo jefe militar, salvo que haya sido un guerrero del tamaño del Mio Cid o de Napoleón, que son en realidad algo más que militares, sabe que es candidato al olvido porque su tarea, si es un demócrata serio, debe ser silenciosa. Mantener la paz. Defender la nación de amenazas. Asegurar que el monopolio de la fuerza que le corresponde al Estado sea ejercido de manera respetuosa con todos los ciudadanos sin poner las armas al servicio de una facción política determinada.

Por eso me parecieron tan pertinentes y lúcidas las reflexiones que el pasado domingo, en el marco del Festival de la Lectura de Chacao, hizo el poeta Rafael Cadenas sobre la perversión del ejercicio del poder y el irrespeto a las reglas de juego democráticas que ha cultivado, con desmesura cada vez más grande, el equipo militarista que nos gobierna.

Con una suerte de inocencia, Cadenas dijo: "Un ministro (se refería al general Padrino López) dice que no va a rendirle cuentas a la oligarquía (Padrino López llama así a la Asamblea Nacional) sino al pueblo". Y a continuación nuestro poeta mayor se pregunta con la misma inocencia: "¿Como hará el ministro para rendirle cuentas al pueblo? ¿Será por televisión? ¿Irá casa por casa? ¿O en la calle, en un mitin en la avenida Bolívar? Y concluye: "¿Los millones de venezolanos que eligieron a los diputados a la Asamblea Nacional no son pueblo? ¿No es precisamente el Parlamento la institución que significó el avance decisivo para que el pueblo y todas sus opciones políticas tuviesen representación en el ejercicio de gobierno?" En las aparentemente inocentes preguntas de Cadenas queda clara la diferencia entre la barbarie del autoritarismo y el avance civilizatorio de la democracia. No es que Padrino López sea un ignorantón ávido de poder, sino que desprecia flagrantemente lo más importante para que exista política y no gobiernos de facto: el diálogo, el respeto a las diferencias, el reconocimiento de las instituciones y a las decisiones del pueblo.

Lo que sucede es que para Padrino López, y los demás generales como él amantados por la ideología populista alucinada de Hugo Chávez, el "pueblo" es sólo aquella parte de la población que los aplaude como focas. Los demás no somos gente.

domingo, 1 de mayo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 01 DE MAYO DE 2016OPINIONES/7

Opiniones

La ciudad y los libros"El festival es un buen ejemplo de la resistencia democrática y de la voluntad de los venezolanos no militaristas para mantener a toda costa las libertades civiles, la fe en el espacio público"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Con cada vez más frecuencia, grandes y pequeñas ciudades de América y Europa hacen que el libro, la escritura y la lectura se conviertan en protagonistas festivos de sus espacios públicos. Es lo que ocurre, por ejemplo, en Barcelona, Cataluña, el día de San Jordi. Los libreros se apropian del Paseo de Gracia y los floristeros de las esquinas de toda la ciudad. Porque ese día ya es una tradición regalar a las personas queridas un libro y una flor.

La Feria del Libro de Bogotá es también una fiesta que le cambia el rostro a la ciudad. Como la de Buenos Aires y la de Guadalajara, probablemente las más grandes de América Latina. Cartagena, una ciudad mucho más pequeña, tiene sin embargo el Hay Festival. Que no es una feria del libro sino un encuentro de escritores que, de manera parecida a un espectáculo festivo pone en contacto al público asistente con una variada gama de escritores que conversan entre sí en formatos parecidos a un set de televisión.

En Venezuela, por suerte, a pesar de los diecisiete años de infortunio rojo, se han mantenido en el tiempo unas cuantas ferias del libro democráticas. Digo democráticas porque el gobierno central realiza una, la Filven, que heredó de la institucionalidad anterior, pero la convirtió en una maquinaria proselitista de la "retrolución" autodenominada socialismo del siglo XXI.

Las demás ocurren por todo el país. La Feria del Libro Universitario, en Mérida. La Feria del Libro de la Universidad de Carabobo, en Valencia. La Internacional del Caribe, en Margarita. Y la que hoy concluye en Caracas, el Festival de la Lectura de la Alcaldía de Chacao, que llegó con esta a su octava edición teniendo como sede la plaza Francia de Altamira, a España como país invitado y a Elisa Lerner como escritora homenajeada.

Lo que ha ocurrido desde el 21 de abril en este espacio feliz ha sido un bálsamo para el corazón y la mente de los habitantes de Caracas, acorralados por la delincuencia, acosados por la escasez y despreciados por su gobierno central.

El festival es un buen ejemplo de la resistencia democrática y de la voluntad de los venezolanos no militaristas para mantener a toda costa las libertades civiles, la fe en el espacio público como lugar de encuentro y en el arte y la literatura como medios de hacer la vida personal y colectiva más digna, grata y trascendente.

No conozco el número exacto, pero en estos 11 días deben haber ocurrido más de 200 eventos. Todos, siempre, abarrotados de asistentes. Presentaciones de libros, foros y conversatorios sobre temas diversos, conciertos musicales, recitales, talleres para niños y para adultos, hasta la puesta en escena de obras teatrales.

No importa lo que ocurra, siempre hay público aguardando. Tuve el gusto y el privilegio de hacer de presentador de Fernando Mires, el sociólogo chileno residente en Alemania. Con la presencia de Ramón Muchacho, alcalde de Chacao, gran animador del festival, y de Henrique Capriles, el gobernador de Miranda.

Lo que ocurrió aquella noche aún me tiene impactado. Primero por el número de asistentes. El Anfi teatro Sur, un espacio abierto, en una de las salidas del Metro de Altamira, resultó insuficiente para la cantidad de personas que querían ver y escuchar a un científico social que más que una analista ha sido lúcido compañero de viaje de los venezolanos demócratas en este capítulo amargo de nuestra historia.

Segundo, por el cariño y el respeto que suscita el invitado. Fue emocionante ver a todas las personas, de pie, dándole la bienvenida con un aplauso y luego la concentrada devoción con que todos siguieron atentamente sus reflexiones. Y luego por la lucidez de Mires. Fue una lección de sabiduría política. Un llamado a no dejarnos llevar por la desesperación ni por los radicalismos y entender que de la manera como salgamos de este club de destructores que nos gobiernan dependerá el tipo de sociedad que construyamos luego.

Definitivamente, la ciudad y los libros, la escritura y la lectura, convierten las plazas y los espacios públicos en ágoras democráticas.

domingo, 24 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 24 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

El Festival de la Prótesis"El Comunista Cubano ya no es realmente un partido político. Es un geriátrico. 
El primer secretario, Raúl Castro, ratificado, tiene 84 años de edad. El segundo de a bordo, Machado Ventura, 85"



TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Dan pena. Pero no lástima. Son un club de ochentones víctimas de una de las adicciones más dañinas a la humanidad. La adicción al poder político absoluto. Lo ejercen, sin relevo ni escrúpulos, sin generosidad ni piedad, desde la madrugada del 1° de enero de 1959 cuando el primer comando de barbudos insurrectos entró triunfante en La Habana de Batista.

Entonces eran jóvenes y fuertes. Sin canas ni chaqueticas deportivas gringas. Crearon una de las más seductoras, enfermizas e hipócritas mitologías de la política latinoamericana: la del guerrillero heroico. La operación simbólica de siglos quedó resumida de manera brillante por el escritor venezolano Carlos Rangel cuando tituló su libro Del buen salvaje al buen revolucionario.

Son un club de viejecillos manchados de sangre. Desde que tomaron el poder partieron a la isla en dos. Los expatriados y los presos. Los expatriados salieron primero en masa, en el cruce de la década de 1950 a la de 1960, dejando atrás sus propiedades y sus historias personales, tratando de salvar sus vidas de los fusilamientos que conducían y oficiaban gozosamente Fidel, el Che y Raúl.

Y desde entonces no ha pasado una sola semana sin que al menos un cubano intente saltar, arriesgando su vida, las 90 millas que separan a la isla de la costa de Florida. En un balsa. Un lanchón. Un neumático. Incluso como lo vimos en una foto espectacular hace una década, en un automóvil convertido en objeto flotante.

Los presos, que no son sólo los que están en la cárcel por oponerse al régimen, sino todos los habitantes de la isla barbuda, se dividen también en dos. Los carceleros, que igual están presos en la gran cárcel de 110.000 kilómetros cuadrados, rodeada de agua por todas partes. Y los encarcelados.

Los primeros son presos de sus propias ideas. De su fanatismo ciego. Aplica para ellos el título de un ensayo de Germán Carrera Damas, "El dominador cautivo". Los segundos, salvo excepciones ­siempre hay excepciones­ por ser habitantes de uno de lo pocos lugares del mundo en donde una persona no puede irse al aeropuerto con su pasaporte y tomar un avión al país que desee.

El Comunista Cubano ya no es realmente un partido político. Es un geriátrico. Quedó claro la semana que hoy concluye con la realización de su VII Congreso. El primer secretario del partido, Raúl Castro, ratifi cado, tiene 84 años de edad. El segundo de a bordo, Machado Ventura, 85. Más que un congreso ideológico las fotos del evento insinúan un festival de la prótesis, un rosario de columnas vertebrales encorvadas, un apartheid a los menores de 70 años.

Tampoco en esta oportunidad hubo renovación de los cuadros. Ni de las consignas. Mucho menos de las ideas. Más bien hubo retroceso. Se cuestionó la visita de Barack Obama. Y, por supuesto, se volvió a elegir a un Castro como jefe mayor.

Hay consenso entre los críticos en que, de nuevo, se obviaron los temas básicos que le importan a la gente común. Qué hacer con las dificultades de alimentación de la población. Qué con las desigualdades sociales que genera la circulación de dos tipos de moneda. Cómo avanzar en las experiencias aún precarias de economía privada y en los tímidos avances institucionales. Nada. Sólo la monótona cortina musical de la lucha contra el Imperio.

La isla sigue secuestrada por los Castro. Detenida en el tiempo decimonónico comunista. Expulsada del siglo XX. Y del XXI. Sobreviviendo a un fracaso histórico y el capricho de par de hermanitos tiranos abotagados de poder.

Miriam Celaya, historiadora del arte y disidente, en un escrito titulado "Epitafio para un partido", definió el VII Congreso como el sepelio del PCC. Concluyó: "Si quedara algún comunista honesto en Cuba ­en el caso imaginario de que tal condición existiera­ debe estar sumido en el más profundo duelo. De haber sido otra nuestra historia del último medio siglo, quizás el difunto partido merecería un compasivo minuto de silencio. Pero no hay que ser hipócritas. En todo caso los cubanos hemos estado en silencio por demasiado tiempo".

domingo, 17 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 17 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Llorarás y llorarás
"En Venezuela no sabemos como será el capítulo final. Por los momentos huele a referendo. Pero el chavismo se resistirá. Porque aún no ha muerto. Aunque tampoco está realmente vivo"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


¿ Cómo y cuándo terminará la pesadilla roja? Es la pregunta obsesiva que todo venezolano demócrata se hace diariamente al despertar. ¿Cuál será el episodio final? ¿Cuándo llegará el fin de este suplicio? De esta manera de vivir acorralados en medio del horror de una realidad cada vez más cruel y un simulacro oficialista cada vez más cínico.

Nadie lo sabe. Ni los astrólogos ni los politólogos. Nadie puede decir con un mínimo de certeza cómo terminará este capítulo amargo de la historia nacional. Igual que nadie pudo predecir la manera como terminó la pesadilla del comunismo soviético. Que se desplomó sólo. El capitalismo no lo invadió. Ni las masas enardecidas salieron a la calle a derrocarlo. Fue una caída lenta y suspendida. Como la de una pluma de ganso.

A continuación, abruptamente, igual que un castillo de naipes, se derrumbó todo el bloque oriental y en el mundo entero celebramos la imagen de los alemanes felices echando abajo el muro de Berlín. También la de los rumanos iracundos ajusticiando a Ceaucescu, casualmente llamado Nicolás. Y a su esposa.

Pinochet, el hombre de la Caravana de la muerte, salió fue a fuerza de votos. Por un plebiscito. Los chilenos no tuvieron que echar ni un solo tiro. Igual la dictadura argentina. Que murió de agotamiento cuando un día de 1983 los militares empachados de sangre decidieron convocar a elecciones y permitir el retorno de la democracia.

Para que cayera Somoza, en cambio, fue necesaria una larga y cruenta guerra en la que miles de nicaragüenses entregaron sus vidas. Los venezolanos de 1958 echaron a Pérez Jiménez con un levantamiento al mismo tiempo militar y civil. Y unas cuantas muertes. Bastantes.

El oficial tachirense que había urdido, como Chávez en 1992, los golpes de Estado de 1945 y 1948, no hizo resistencia alguna. Agarró sus maletas cargadas de dólares y se fue volando por el cielo de Caracas vía Dominicana en donde lo aguardaba su carnal Rafael Leonidas "Chapita" Trujilllo.

La de Fujimori fue mediática. La oposición peruana estaba desanimada y todos creían que faltaban muchos años para salir del creador de la metodología chavista de ejercer el poder desde el antifaz de la democracia que edulcora la fealdad del rostro dictatorial. Pero un video del segundo de a bordo, el pervertido Vladimiro Montesinos, sobornando a un diputado opositor, le arruinó el mandato. Encendió la mecha. La gente apedreó por días La Casa de Pizarro y terminó sacando al tiranillo hoy aún en prisión en la misma cárcel en donde encerró a centenares de sus adversarios.

Hay que aceptarlo. No hay recetas. Las metodologías para sacarse de encima tiranías, dictaduras, dictablandas o democraduras, en fin, totalitarismos de izquierda y derecha, son muy diversas. En Venezuela no sabemos como será el capítulo final. Por los momentos huele a referendo. Pero el chavismo se resistirá. Porque aún no ha muerto. Aunque tampoco está realmente vivo.

Como algunos pacientes terminales, sobrevive entubado. La respiración artificial se la dan los jueces amorales del Tribunal Supremo de Justicia, la roloéviva que preside el Consejo Nacional Electoral, el logorreíco ministro de la defensa y las fuerzas armadas convertidas en tristes y grises guardias pretorianas.

Pero un paciente con respiración artificial igual puede durar años. Toco madera y busco inspiración en los filósofos de la salsa. Enciendo el ipod y encuentro dos respiros en la voz entrañable de Héctor Lavoe. El primero dice: "Todo tiene su final/nada dura para siempre/ tenemos que recordar/que no existe eternidad". En el otro: "Pronto llegará el día de mi suerte/ se que antes de mi muerte/ seguro que mi suerte cambiará".

Lo creo. Ese día nadie saldrá volando con una maleta repleta de de dólares. En la era de Internet los dólares son digitales y hace mucho, los que eran de todos los venezolanos, volaron por el espacio virtual a las alforjas de los rojos rojitos.

Suena otra canción. "Bien caro tendrá que pagar todo mi sufrimiento/ Llorarás y llorarás/sin nadie que te consuele". La voz electrostática de Oscar de León.

 

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domingo, 10 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 10 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Oficios de la desgracia"El domingo pasado, en el Mercadito de Baruta, le di 25 bolívares a un egresado de la Universidad Bolivariana que me ayudó a estacionar"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Entre los tantos oficios nuevos que la tragedia económica ha traído consigo a Venezuela uno de los más tragicómicos, y además asquerosito, es el de "alquilador de desodorante". Me parecía un invento pero ya he escuchado el relato varias veces. Un hombre se coloca en un lugar transitado, instala una mesa plegable, varios tipos de desodorante y un aviso hecho a mano que dice: "Una dosis 25 bolívares".

La primera versión que escuché hablaba de un spray que el alquilador aplica él mismo para que los clientes no abusen. La segunda, menos creíble, pero igual la comparto, se trata de aplicadores de bolita. El alquilador permite que el usuario se lo aplique él mismo pero sólo dos vueltas por axila.

El tema cuidado personal ahora está en la calle. Como en las imágenes más rudas de Haití o de Zimbabue. Hay peluqueros de esquina, colocadoras de uñas postizas que trabajan en aceras y hasta mujeres que hacen pedicure en plazas públicas con tres vasijas plásticas. Una para los pies, otra con agua limpia y otra con agua jabonosa. La sucia la tiran en la calzada.

Con la crisis de seguridad y del transporte público hay dos oficios que se han multiplicado. El de los "daleros" y el de los "voceadores de rutas". Los "daleros" se llaman así porque su función principal es conseguir al usuario un puesto de estacionamiento, cuidar el carro y, luego, ayudarle a salir. En ese proceso guían al conductor al grito sonoro de "¡Dale!, ¡dale!, ¡dale!". Al principio eran recogelatas, pordioseros y afines, pero con el paso del tiempo han sido desplazados por gente de más nivel. El domingo pasado, en el Mercadito de Baruta, le di 25 bolívares a un egresado de la Universidad Bolivariana que me ayudó a estacionar.

En cambio, los "voceadores de ruta" son unos señores que se colocan en las paradas de autobuses y leen en voz alta, es decir gritan, los destinos que van colgados en el parabrisas. Ayudan a los pasajeros a subir a la unidad y entre más pasajeros entran más grande es el tax que paga el conductor. La primera vez que vi este sistema fue en La Paz, Bolivia, hace años. Imagino que gracias a los convenios de cooperación que ha firmado el gobierno de Maduro con el de Morales se hizo la transferencia de tecnología a Caracas.

Pero, hay que decirlo, el nuevo oficio más exitoso y rentable, el que más espacio ocupa en los medios y los discursos oficiales, es el de bachaquero. No me queda duda alguna de que el bachaquero es en realidad el "hombre nuevo" prometido por el socialismo del siglo XXI. Es al mismo tiempo mártir y verdugo del desabastecimiento y la escasez. Reúne lo peor del comunismo con lo peor del capitalismo. Mártir porque tiene que someterse a una tradición comunista: las grandes colas, dormir en la calle cuidando su puesto en la filas, soportar agua de lluvia, sol inclemente y una que otra trifulca para adquirir productos que escasean o tiene precios regulados.

Verdugo porque, siguiendo la lógica del capitalismo salvaje, obtiene beneficios indecorosos aprovechándose de quienes no pueden o no quieren hacer cola y les vende los productos regulados o escasos entre 500% y 1.000% del valor al que los adquirió.

Igual el bachaquerismo es una fuente de nuevos oficios. Ha generado los "alquiladores de banquitos Manaplas" para soportar las colas. Los "cuidadores de turno" que guardan el puesto mientras el titular va a comer, a darle tetero al bebé o a hacer sus necesidades. Y, por último, los "vigilantes de bolsas" que, como en las consignas de aeropuertos, guardan las compras anteriores para que el bachaquero no tenga que estar levantándolas y colocándolas en el piso mientras adelanta la cola.

Aunque no sea una política pública, tal vez el bachaquerismo sea la política de redistribución del ingreso más exitosa del gobierno de Maduro. Eso sin olvidar el incremento notable en los niveles de ingresos de policías y guardias nacionales por las tarifas que cobran por adelantar a alguien en la cola o bachaquear ellos mismos antes de que la cola comience.