domingo, 1 de mayo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 01 DE MAYO DE 2016OPINIONES/7

Opiniones

La ciudad y los libros"El festival es un buen ejemplo de la resistencia democrática y de la voluntad de los venezolanos no militaristas para mantener a toda costa las libertades civiles, la fe en el espacio público"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Con cada vez más frecuencia, grandes y pequeñas ciudades de América y Europa hacen que el libro, la escritura y la lectura se conviertan en protagonistas festivos de sus espacios públicos. Es lo que ocurre, por ejemplo, en Barcelona, Cataluña, el día de San Jordi. Los libreros se apropian del Paseo de Gracia y los floristeros de las esquinas de toda la ciudad. Porque ese día ya es una tradición regalar a las personas queridas un libro y una flor.

La Feria del Libro de Bogotá es también una fiesta que le cambia el rostro a la ciudad. Como la de Buenos Aires y la de Guadalajara, probablemente las más grandes de América Latina. Cartagena, una ciudad mucho más pequeña, tiene sin embargo el Hay Festival. Que no es una feria del libro sino un encuentro de escritores que, de manera parecida a un espectáculo festivo pone en contacto al público asistente con una variada gama de escritores que conversan entre sí en formatos parecidos a un set de televisión.

En Venezuela, por suerte, a pesar de los diecisiete años de infortunio rojo, se han mantenido en el tiempo unas cuantas ferias del libro democráticas. Digo democráticas porque el gobierno central realiza una, la Filven, que heredó de la institucionalidad anterior, pero la convirtió en una maquinaria proselitista de la "retrolución" autodenominada socialismo del siglo XXI.

Las demás ocurren por todo el país. La Feria del Libro Universitario, en Mérida. La Feria del Libro de la Universidad de Carabobo, en Valencia. La Internacional del Caribe, en Margarita. Y la que hoy concluye en Caracas, el Festival de la Lectura de la Alcaldía de Chacao, que llegó con esta a su octava edición teniendo como sede la plaza Francia de Altamira, a España como país invitado y a Elisa Lerner como escritora homenajeada.

Lo que ha ocurrido desde el 21 de abril en este espacio feliz ha sido un bálsamo para el corazón y la mente de los habitantes de Caracas, acorralados por la delincuencia, acosados por la escasez y despreciados por su gobierno central.

El festival es un buen ejemplo de la resistencia democrática y de la voluntad de los venezolanos no militaristas para mantener a toda costa las libertades civiles, la fe en el espacio público como lugar de encuentro y en el arte y la literatura como medios de hacer la vida personal y colectiva más digna, grata y trascendente.

No conozco el número exacto, pero en estos 11 días deben haber ocurrido más de 200 eventos. Todos, siempre, abarrotados de asistentes. Presentaciones de libros, foros y conversatorios sobre temas diversos, conciertos musicales, recitales, talleres para niños y para adultos, hasta la puesta en escena de obras teatrales.

No importa lo que ocurra, siempre hay público aguardando. Tuve el gusto y el privilegio de hacer de presentador de Fernando Mires, el sociólogo chileno residente en Alemania. Con la presencia de Ramón Muchacho, alcalde de Chacao, gran animador del festival, y de Henrique Capriles, el gobernador de Miranda.

Lo que ocurrió aquella noche aún me tiene impactado. Primero por el número de asistentes. El Anfi teatro Sur, un espacio abierto, en una de las salidas del Metro de Altamira, resultó insuficiente para la cantidad de personas que querían ver y escuchar a un científico social que más que una analista ha sido lúcido compañero de viaje de los venezolanos demócratas en este capítulo amargo de nuestra historia.

Segundo, por el cariño y el respeto que suscita el invitado. Fue emocionante ver a todas las personas, de pie, dándole la bienvenida con un aplauso y luego la concentrada devoción con que todos siguieron atentamente sus reflexiones. Y luego por la lucidez de Mires. Fue una lección de sabiduría política. Un llamado a no dejarnos llevar por la desesperación ni por los radicalismos y entender que de la manera como salgamos de este club de destructores que nos gobiernan dependerá el tipo de sociedad que construyamos luego.

Definitivamente, la ciudad y los libros, la escritura y la lectura, convierten las plazas y los espacios públicos en ágoras democráticas.

domingo, 24 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 24 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

El Festival de la Prótesis"El Comunista Cubano ya no es realmente un partido político. Es un geriátrico. 
El primer secretario, Raúl Castro, ratificado, tiene 84 años de edad. El segundo de a bordo, Machado Ventura, 85"



TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Dan pena. Pero no lástima. Son un club de ochentones víctimas de una de las adicciones más dañinas a la humanidad. La adicción al poder político absoluto. Lo ejercen, sin relevo ni escrúpulos, sin generosidad ni piedad, desde la madrugada del 1° de enero de 1959 cuando el primer comando de barbudos insurrectos entró triunfante en La Habana de Batista.

Entonces eran jóvenes y fuertes. Sin canas ni chaqueticas deportivas gringas. Crearon una de las más seductoras, enfermizas e hipócritas mitologías de la política latinoamericana: la del guerrillero heroico. La operación simbólica de siglos quedó resumida de manera brillante por el escritor venezolano Carlos Rangel cuando tituló su libro Del buen salvaje al buen revolucionario.

Son un club de viejecillos manchados de sangre. Desde que tomaron el poder partieron a la isla en dos. Los expatriados y los presos. Los expatriados salieron primero en masa, en el cruce de la década de 1950 a la de 1960, dejando atrás sus propiedades y sus historias personales, tratando de salvar sus vidas de los fusilamientos que conducían y oficiaban gozosamente Fidel, el Che y Raúl.

Y desde entonces no ha pasado una sola semana sin que al menos un cubano intente saltar, arriesgando su vida, las 90 millas que separan a la isla de la costa de Florida. En un balsa. Un lanchón. Un neumático. Incluso como lo vimos en una foto espectacular hace una década, en un automóvil convertido en objeto flotante.

Los presos, que no son sólo los que están en la cárcel por oponerse al régimen, sino todos los habitantes de la isla barbuda, se dividen también en dos. Los carceleros, que igual están presos en la gran cárcel de 110.000 kilómetros cuadrados, rodeada de agua por todas partes. Y los encarcelados.

Los primeros son presos de sus propias ideas. De su fanatismo ciego. Aplica para ellos el título de un ensayo de Germán Carrera Damas, "El dominador cautivo". Los segundos, salvo excepciones ­siempre hay excepciones­ por ser habitantes de uno de lo pocos lugares del mundo en donde una persona no puede irse al aeropuerto con su pasaporte y tomar un avión al país que desee.

El Comunista Cubano ya no es realmente un partido político. Es un geriátrico. Quedó claro la semana que hoy concluye con la realización de su VII Congreso. El primer secretario del partido, Raúl Castro, ratifi cado, tiene 84 años de edad. El segundo de a bordo, Machado Ventura, 85. Más que un congreso ideológico las fotos del evento insinúan un festival de la prótesis, un rosario de columnas vertebrales encorvadas, un apartheid a los menores de 70 años.

Tampoco en esta oportunidad hubo renovación de los cuadros. Ni de las consignas. Mucho menos de las ideas. Más bien hubo retroceso. Se cuestionó la visita de Barack Obama. Y, por supuesto, se volvió a elegir a un Castro como jefe mayor.

Hay consenso entre los críticos en que, de nuevo, se obviaron los temas básicos que le importan a la gente común. Qué hacer con las dificultades de alimentación de la población. Qué con las desigualdades sociales que genera la circulación de dos tipos de moneda. Cómo avanzar en las experiencias aún precarias de economía privada y en los tímidos avances institucionales. Nada. Sólo la monótona cortina musical de la lucha contra el Imperio.

La isla sigue secuestrada por los Castro. Detenida en el tiempo decimonónico comunista. Expulsada del siglo XX. Y del XXI. Sobreviviendo a un fracaso histórico y el capricho de par de hermanitos tiranos abotagados de poder.

Miriam Celaya, historiadora del arte y disidente, en un escrito titulado "Epitafio para un partido", definió el VII Congreso como el sepelio del PCC. Concluyó: "Si quedara algún comunista honesto en Cuba ­en el caso imaginario de que tal condición existiera­ debe estar sumido en el más profundo duelo. De haber sido otra nuestra historia del último medio siglo, quizás el difunto partido merecería un compasivo minuto de silencio. Pero no hay que ser hipócritas. En todo caso los cubanos hemos estado en silencio por demasiado tiempo".

domingo, 17 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 17 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Llorarás y llorarás
"En Venezuela no sabemos como será el capítulo final. Por los momentos huele a referendo. Pero el chavismo se resistirá. Porque aún no ha muerto. Aunque tampoco está realmente vivo"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


¿ Cómo y cuándo terminará la pesadilla roja? Es la pregunta obsesiva que todo venezolano demócrata se hace diariamente al despertar. ¿Cuál será el episodio final? ¿Cuándo llegará el fin de este suplicio? De esta manera de vivir acorralados en medio del horror de una realidad cada vez más cruel y un simulacro oficialista cada vez más cínico.

Nadie lo sabe. Ni los astrólogos ni los politólogos. Nadie puede decir con un mínimo de certeza cómo terminará este capítulo amargo de la historia nacional. Igual que nadie pudo predecir la manera como terminó la pesadilla del comunismo soviético. Que se desplomó sólo. El capitalismo no lo invadió. Ni las masas enardecidas salieron a la calle a derrocarlo. Fue una caída lenta y suspendida. Como la de una pluma de ganso.

A continuación, abruptamente, igual que un castillo de naipes, se derrumbó todo el bloque oriental y en el mundo entero celebramos la imagen de los alemanes felices echando abajo el muro de Berlín. También la de los rumanos iracundos ajusticiando a Ceaucescu, casualmente llamado Nicolás. Y a su esposa.

Pinochet, el hombre de la Caravana de la muerte, salió fue a fuerza de votos. Por un plebiscito. Los chilenos no tuvieron que echar ni un solo tiro. Igual la dictadura argentina. Que murió de agotamiento cuando un día de 1983 los militares empachados de sangre decidieron convocar a elecciones y permitir el retorno de la democracia.

Para que cayera Somoza, en cambio, fue necesaria una larga y cruenta guerra en la que miles de nicaragüenses entregaron sus vidas. Los venezolanos de 1958 echaron a Pérez Jiménez con un levantamiento al mismo tiempo militar y civil. Y unas cuantas muertes. Bastantes.

El oficial tachirense que había urdido, como Chávez en 1992, los golpes de Estado de 1945 y 1948, no hizo resistencia alguna. Agarró sus maletas cargadas de dólares y se fue volando por el cielo de Caracas vía Dominicana en donde lo aguardaba su carnal Rafael Leonidas "Chapita" Trujilllo.

La de Fujimori fue mediática. La oposición peruana estaba desanimada y todos creían que faltaban muchos años para salir del creador de la metodología chavista de ejercer el poder desde el antifaz de la democracia que edulcora la fealdad del rostro dictatorial. Pero un video del segundo de a bordo, el pervertido Vladimiro Montesinos, sobornando a un diputado opositor, le arruinó el mandato. Encendió la mecha. La gente apedreó por días La Casa de Pizarro y terminó sacando al tiranillo hoy aún en prisión en la misma cárcel en donde encerró a centenares de sus adversarios.

Hay que aceptarlo. No hay recetas. Las metodologías para sacarse de encima tiranías, dictaduras, dictablandas o democraduras, en fin, totalitarismos de izquierda y derecha, son muy diversas. En Venezuela no sabemos como será el capítulo final. Por los momentos huele a referendo. Pero el chavismo se resistirá. Porque aún no ha muerto. Aunque tampoco está realmente vivo.

Como algunos pacientes terminales, sobrevive entubado. La respiración artificial se la dan los jueces amorales del Tribunal Supremo de Justicia, la roloéviva que preside el Consejo Nacional Electoral, el logorreíco ministro de la defensa y las fuerzas armadas convertidas en tristes y grises guardias pretorianas.

Pero un paciente con respiración artificial igual puede durar años. Toco madera y busco inspiración en los filósofos de la salsa. Enciendo el ipod y encuentro dos respiros en la voz entrañable de Héctor Lavoe. El primero dice: "Todo tiene su final/nada dura para siempre/ tenemos que recordar/que no existe eternidad". En el otro: "Pronto llegará el día de mi suerte/ se que antes de mi muerte/ seguro que mi suerte cambiará".

Lo creo. Ese día nadie saldrá volando con una maleta repleta de de dólares. En la era de Internet los dólares son digitales y hace mucho, los que eran de todos los venezolanos, volaron por el espacio virtual a las alforjas de los rojos rojitos.

Suena otra canción. "Bien caro tendrá que pagar todo mi sufrimiento/ Llorarás y llorarás/sin nadie que te consuele". La voz electrostática de Oscar de León.

 

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domingo, 10 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 10 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Oficios de la desgracia"El domingo pasado, en el Mercadito de Baruta, le di 25 bolívares a un egresado de la Universidad Bolivariana que me ayudó a estacionar"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Entre los tantos oficios nuevos que la tragedia económica ha traído consigo a Venezuela uno de los más tragicómicos, y además asquerosito, es el de "alquilador de desodorante". Me parecía un invento pero ya he escuchado el relato varias veces. Un hombre se coloca en un lugar transitado, instala una mesa plegable, varios tipos de desodorante y un aviso hecho a mano que dice: "Una dosis 25 bolívares".

La primera versión que escuché hablaba de un spray que el alquilador aplica él mismo para que los clientes no abusen. La segunda, menos creíble, pero igual la comparto, se trata de aplicadores de bolita. El alquilador permite que el usuario se lo aplique él mismo pero sólo dos vueltas por axila.

El tema cuidado personal ahora está en la calle. Como en las imágenes más rudas de Haití o de Zimbabue. Hay peluqueros de esquina, colocadoras de uñas postizas que trabajan en aceras y hasta mujeres que hacen pedicure en plazas públicas con tres vasijas plásticas. Una para los pies, otra con agua limpia y otra con agua jabonosa. La sucia la tiran en la calzada.

Con la crisis de seguridad y del transporte público hay dos oficios que se han multiplicado. El de los "daleros" y el de los "voceadores de rutas". Los "daleros" se llaman así porque su función principal es conseguir al usuario un puesto de estacionamiento, cuidar el carro y, luego, ayudarle a salir. En ese proceso guían al conductor al grito sonoro de "¡Dale!, ¡dale!, ¡dale!". Al principio eran recogelatas, pordioseros y afines, pero con el paso del tiempo han sido desplazados por gente de más nivel. El domingo pasado, en el Mercadito de Baruta, le di 25 bolívares a un egresado de la Universidad Bolivariana que me ayudó a estacionar.

En cambio, los "voceadores de ruta" son unos señores que se colocan en las paradas de autobuses y leen en voz alta, es decir gritan, los destinos que van colgados en el parabrisas. Ayudan a los pasajeros a subir a la unidad y entre más pasajeros entran más grande es el tax que paga el conductor. La primera vez que vi este sistema fue en La Paz, Bolivia, hace años. Imagino que gracias a los convenios de cooperación que ha firmado el gobierno de Maduro con el de Morales se hizo la transferencia de tecnología a Caracas.

Pero, hay que decirlo, el nuevo oficio más exitoso y rentable, el que más espacio ocupa en los medios y los discursos oficiales, es el de bachaquero. No me queda duda alguna de que el bachaquero es en realidad el "hombre nuevo" prometido por el socialismo del siglo XXI. Es al mismo tiempo mártir y verdugo del desabastecimiento y la escasez. Reúne lo peor del comunismo con lo peor del capitalismo. Mártir porque tiene que someterse a una tradición comunista: las grandes colas, dormir en la calle cuidando su puesto en la filas, soportar agua de lluvia, sol inclemente y una que otra trifulca para adquirir productos que escasean o tiene precios regulados.

Verdugo porque, siguiendo la lógica del capitalismo salvaje, obtiene beneficios indecorosos aprovechándose de quienes no pueden o no quieren hacer cola y les vende los productos regulados o escasos entre 500% y 1.000% del valor al que los adquirió.

Igual el bachaquerismo es una fuente de nuevos oficios. Ha generado los "alquiladores de banquitos Manaplas" para soportar las colas. Los "cuidadores de turno" que guardan el puesto mientras el titular va a comer, a darle tetero al bebé o a hacer sus necesidades. Y, por último, los "vigilantes de bolsas" que, como en las consignas de aeropuertos, guardan las compras anteriores para que el bachaquero no tenga que estar levantándolas y colocándolas en el piso mientras adelanta la cola.

Aunque no sea una política pública, tal vez el bachaquerismo sea la política de redistribución del ingreso más exitosa del gobierno de Maduro. Eso sin olvidar el incremento notable en los niveles de ingresos de policías y guardias nacionales por las tarifas que cobran por adelantar a alguien en la cola o bachaquear ellos mismos antes de que la cola comience. 




domingo, 3 de abril de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 03 DE ABRIL DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Tres tristes libros"Hasta que Boris Izaguirre declaró en una entrevista televisiva que El oráculo del guerrero era un libro de culto gay. 

A partir de ese día, Chávez más nunca volvió a hablar del libro"



TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


1. Era la historia de un intento de asesinato. Hablo del primer relato que nos leyó a un grupo de amigos uno de nuestros compañeros de estudios de la Escuela de Sociología de la UCV cuando todos rondábamos los 20 años de edad.

Lo leímos en voz alta. El asesino está desesperado y rabioso. Trata de descuartizar a la víctima que no sabemos aún quién es. Hasta que en las últimas líneas el cuento da un giro inesperado, un turning point diría un dramaturgo sajón, y el lector, sorprendido, descubre que no es una persona. Es un libro. El asesino es nuestro amigo, un estudiante de Ciencias Sociales y el libro, la víctima, Conceptos elementales del materialismo histórico escrito por Marta Harnecker.

Como su nombre lo anuncia, el libro había sido escrito con el propósito de hacer digerible por "las masas" la complejidad del pensamiento marxista. Los estudiantes de la izquierda no marxista de la época nos burlábamos del texto. Pensábamos que era una manera de convertir una sopa compleja cargada de ingredientes en una simplona compota para bebés. Por lo tanto, celebramos aquel relato como un acto de justicia.

Ludovico Silva, que era un filósofo denso y había leído a Marx no en traducciones sino directamente del alemán, fustigó hasta el cansancio el marxismo manualesco en un libro titulado Antimanual para uso de marxistas, marxólogos y marcianos . Pensando en Conceptos elementales...allí escribió: "Si los loros fuesen marxistas, serían marxistas dogmáticos".

Ahora releo que en una de sus largas y diarias peroratas Hugo Chávez presentó a la escritora chilena como una gran pensadora marxista, y los Conceptos elementales... como un gran libro. Viene al caso el relato de nuestro amigo

2. Es probable que en los últimos años de su vida Eduardo Galeano haya sufrido de insomnio. La culpa que sentía por haber escrito Las venas abiertas de América Latina seguramente le quitaba el sueño. Hasta que un día decidió hacer uno de los más sinceros mea culpas de la historia literaria del Cono Sur y confesó que se sentía irresponsable por haber escrito aquel libro lleno de imprecisiones, ideas maniqueas y trampas ideológicas. "Era muy joven, ignoraba muchas cosas", dijo. Y agregó que ya no creía en muchas de las tesis que había defendido años atrás.

Fue un golpe bajo para el chavismo y para Hugo Chávez, quien se había convertido en el gran promotor internacional del libro. En un artículo reciente Thays Peñalver, autora de Conspiración de los 12 golpes, lo recordó como "un libro atestado de errores" que, sin embargo, generación tras generación de "revolucionarios de feria" han llevado bajo el brazo como "las sabias escrituras".

3. Periódicamente Chávez se enamoraba de algún libro o un autor y con su capacidad de prédica lo convertía en best seller . Eso fue lo que ocurrió con El oráculo del guerrero. Probablemente confundiéndolo con el Arte de la guerra de Sun Tzu, a Chávez le dio por hacer citas casi diarias con un ejemplar del librejo de autoayuda firmado por un desconocido llamado Lucas Estrella. Como si en él estuviese resumida toda la inteligencia humana.

Era el momento estelar del culto al santo de Sabaneta y El oráculo se convirtió en un fenómeno de ventas. Los buhoneros los ofrecían incluso en las colas de automóviles. Se dice que los reyes de la piratería venezolana imprimieron millones de ejemplares de aquella bazofia para incautos.

Hasta que Boris Izaguirre declaró en una entrevista televisiva que El oráculo del guerrero era un libro de culto gay. Con auctoritas suficiente y su pedigrí de enfant terrible citó un verso que hablaba de guerreros y espadas envainándose y desenvainándose y explicó con picardía y gusto las metáforas eróticas del asunto.

A partir de ese día, Chávez más nunca volvió a hablar del libro. La industria de la piratería sufrió una caída notable de sus ventas. Lucas Estrella, como ya le pasó a la Harnecker, pasó al olvido.

Hay libros tristes. Lectores también. Es necesario recordarlos. 

domingo, 13 de marzo de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 13 DE MARZO DE 2016SIETE DÍAS/7
 

Siete Días

Alambre de púa en el corazón"Al intentar ocultar esta masacre el general de Bolívar ha ido demasiado lejos. 
Ha lanzado un escupitajo en pleno rostro a la ética ciudadana"



TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


i nos guiamos por las notas de prensa, todo pare-ce indicar que el gobernador del estado Bolívar no lo dudó ni un instante. Seguramente arrastrado por la soberbia y sin permitirse el beneficio de la duda decidió, cual pistolero, salir a las calles a disparar contra las noticias que en la mañana del sábado subían agitadas y llorosas desde la población de Tumeremo anunciándole al país la desaparición y probable asesinato de cerca de treinta venezolanos.

Como uno de los voceros fue el diputado Américo de Grazia, el general ­porque hay que recordarlo, el gobernador es un militar­ sentenció, sin titubeos ni investigación previa, que la noticia era un montaje de "la derecha", el epíteto favorito al que recurre la élite uniformada cada vez que quiere degradar a un adversario. No importa que este sea, como de Grazia, militante de La Causa R, el partido obrero fundado por Alfredo Maneiro cuando, a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado, decidió separarse del estalinismo del Partido Comunista venezolano.

Seguramente por traiciones del inconsciente cuartelario, Rangel Gómez, así se llama el gobernador, repitió aquella tarde casi literalmente lo mismo que Pinochet y otros dictadores del Cono Sur respondían ante similares denuncias: "¿Cómo van a estar desaparecidos si nadie ha visto los cuerpos?".

Pero como los venezolanos hemos ido perdiendo dos cosas al mismo tiempo, el derecho a la vida y el miedo, los dolientes de los desaparecidos no se amilanaron ante el desprecio oficial y durante largos días con sus noches tomaron las calles hasta obligar al propio general a retractarse y al presidente de la República ordenar una investigación.

Es una metodología que los venezolanos conocemos muy bien. Ante cualquier escándalo o amenaza de opinión, ya sea la enfermedad del presidente, las brutales cifras de homicidios, el desabastecimiento o, como esta semana, una probable masacre en las minas de oro del estado Bolívar, la primera reacción que establece el "manual rojo de contra información y guerra sucia" es negar rotundamente el hecho informativo, degradar a la fuente emisora y, si ninguna de las dos operaciones funciona, hacer responsable del hecho al Imperio, los paramilitares de Uribe o la oposición.

Vaciar la palabra de honor, mentir y luego desmentirse sin pudor alguno, forma parte de la mecánica comunicacional sobre la que se ha edificado el chavismo. La enfermedad del presidente fue negada por los voceros oficiales durante meses, hasta que la inminencia de la muerte y la cercanía de las elecciones presidenciales lo sitiaron y hubo que confesar la verdad al país. Pero al intentar ocultar esta masacre el general de Bolívar ha ido demasiado lejos. Ha lanzado un escupitajo en pleno rostro a la ética ciudadana, la responsabilidad gubernamental y la piedad cristiana.

Mientras en Tumeremo todo era llanto, conmoción y dolor, al general rojo solo se le ocurre salir a proteger su prestigio y el del gobierno que disfruta, deshaciéndose de todas sus responsabilidades como primera autoridad local y de la solidaridad elemental que cualquier hijo de vecino debería experimentar ante tanto horror junto.

Si todo es cierto, una mafia del oro detuvo a los 30 mineros, los asesinó a balazos, condujo sus cadáveres a una máquina de triturar piedras, los hizo polvo y luego camufló sus restos para no dejar huella. ¿Conclusión? En Venezuela ahora el horror es lo típico, en el sentido estadístico del término. El hombre nuevo, la máxima creación del socialismo del siglo XXI, es un pervertido.

Nuestro imaginario se ha poblado de delincuentes mitológicos con alias llamativos que acompañan omnipotentes a nuestros gobernantes. Miro a Iris Valera y no veo a Rosa Luxemburgo, encuentro al Conejo. A Tareck el Aissami, y no está Nasser, se me encima el Chino. Y detrás de Rangel Gómez avisto una pancarta gigantesca con el rostro aún impreciso del Topo mostrando una barra de oro. 


Tiene el corazón anestesiado por un rollo de alambre de púa con el que cercan los predios de sus negocios ilícitos. 








Tienen el corazón anestesiado por un rollo de alambre de púa con el que cercan los predios de sus negocios ilícitos.

domingo, 28 de febrero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 2016SIETE DÍAS/7
 

Siete Días

La Luna se va a escapar"Lo que entró en crisis ha sido el populismo "histriónico", un proyecto redentorista de los pobres sustentado en la emergencia de líderes carismáticos"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


los personajes de Canaima, la novela de Rómulo Gallegos, los devoró la selva. A los líderes del populismo histriónico suramericano, conformado en la transición del siglo XX al XXI, la vanidad. A los primeros, condensados en el personaje del aventurero Marcos Vargas, la codicia los hizo perderse en pos de la riqueza fácil, el oro y el caucho. A los segundos, hechos a imagen y semejanza de Hugo Chávez, la tentación de alargar en el tiempo el goce inmenso de un poder sin límites y el culto mediático a sus personalidades.

Los proyectos, ahora, vienen en picada. Lo que algunos scholars llamaron la "ola rosada", el socialismo light suramericano, va dando pruebas de agotamiento. Uno a uno, como piezas de dominó cayendo en fila, sufren contundentes derrotas electorales que amenazan la continuidad en el poder. Un entusiasmo regional se tambalea.

Primero fue el kirchnerismo, en Argentina. Eso que algunos han denominado el "peronismo salvaje", apaleado por Macri en las elecciones presidenciales. Luego, el socialismo del siglo XXI en Venezuela. Esta versión saudita del comunismo cubano, vapuleado por la Unidad Democrática en las legislativas. Y recién, esta semana que hoy concluye, el turno le ha tocado en Bolivia al evismo, rechazado por los electores negados a firmarle la franquicia de la reelección.

Mientras tanto, a los ojos de todos, sin marines ni bombardeos de por medio, con la venia de los sátrapas del Partido Comunista Cubano que aguardan impacientes los hotdogs por llegar, el "Imperio del Mal" comandado por un afrodescendiente con sensibilidad por los desposeídos, prepara el desembarco de retorno americano a una isla que se jactó por décadas de ser el único territorio libre de América.

Pero no es el populismo a secas el que hace aguas. En genérico, el populismo ha sido un componente fundamental de la política latinoamericana compartido por igual por gobiernos de izquierda y de centro. Tanto, que algunos teóricos como Ernesto Laclau lo han considerado un mecanismo necesario de redistribución del poder en sociedades con grandes desigualdades internas.

Lo que entró en crisis ha sido el populismo "histriónico", un proyecto redentorista de los pobres sustentado en la emergencia de líderes que, amparados en su carisma personal, sirvieron de portaviones a movimientos políticos aluvionales, de vagas ideologías, articulados en torno a su capacidad "entretenedora" para dar respuesta a modelos políticos anteriores, agotados y sometidos a un fuerte cuestionamiento moral.

Los liderazgos de esta etapa, que encuentra su arquetipo en el de Chávez, y su expresión más fresca en Evo Morales, es el de grandes encantadores que a la manera de los comediantes o de los juglares, hicieron conexión afectiva con las masas de excluidos pero en el esfuerzo quedaron obligados a mantener entretenida, tal vez sea mejor decir hipnotizada, a una audiencia que al principio no quería realidades, le bastaban promesas. No esperaban inclusión real, estaban a gusto con el reconocimiento simbólico. No ansiaban justicia, querían venganza.

Igual todo cambió. Cambiaron los líderes que perdieron la frescura inicial y se fueron tornando pesados, poderosos e irremplazables para sus proyectos políticos. Lo dijo Castro: "Chávez tiene que cuidarse porque sin él no hay revolución". Y la semana pasada, con pasión de melodrama, lo repitió el vicepresidente boliviano González Linera alertando lo que ocurriría si Evo no está: "Habrá llanto y el Sol se va a esconder, la Luna se va a escapar y todo va a ser tristeza para nosotros".

Como en La Metamorfosis, los líderes sufrieron una transformación costosa. Chávez quería gobernar hasta 2030. Evo hasta 2025. Para trascender a la muerte Néstor Kirchner se cuidó de edificar un mausoleo, que ni Evita, para que conservara su memoria. Ni Bolívar tiene un lugar de culto monoteísta como el dedicado a Chávez.

Grandes histriones. Lo contó Kafka: Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.