domingo, 20 de abril de 2014

Lobotomías del poder

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Incluso en La Habana se siente el efecto del debate, que no diálogo de paz, ocurrido en el Palacio de Miraflores, entre los representantes del oficialismo y los de la oposición democrática, el pasado jueves 12 de abril.
La bloguera Yoani Sánchez, quien se ha convertido en nuestro ojo avizor desde los intestinos del otro Imperio, el del Partido Comunista cubano, se ha dedicado a contarnos el impacto que la conversación entre gobernantes y opositores, entre la élite promotora del socialismo del siglo XXI y la vario pinta dirigencia de la resistencia democrática, sostuvo durante varias horas ante el ojo implacable de la televisión en vivo.
Para ellos, cuenta la habanera bloguera, el asunto fue espectacular. Gracias a la generosidad –también podríamos decir que a la ingenuidad– de Telesur, los cubanos secuestrados en la isla pudieron presenciar algo que jamás en su vida podrían haber imaginado: ver a la alta dirigencia de un régimen que se autocalifica de revolucionario y socialista, que se equipara con la Cuba comunista –mitad herencia de Fidel y el Che, mitad obra del Comandante Supremo– tener que soportar la andanada de críticas, denuncias, cuestionamientos e, incluso, burlas e ironías proferidas ante la nación en pleno por la dirigencia opositora. Fin de mundo ¡a Fidel nadie jamás le hubiese hablado así!
 Yoani Sánchez relata que la gente en la calle comentaba sonreída, mejor si el lector intenta pronunciarlo con acento, algo así como: “Oye mi socio, barrieron el piso con Nicolás Maduro”. Sostiene que este será un día inolvidable y que nadie puede aún prever las consecuencias de opinión pública que el suceso va a tener para el futuro de la isla roja.
En Venezuela el impacto también ha sido grande. Aunque todavía es muy temprano para medir sus consecuencias plenas, no hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar el efecto que debe haber tenido en aquellos televidentes rojos, que sólo sintonizan Venezolana de Televisión y sus filiales, tener la oportunidad de escuchar la voz y los gestos de un grupo humano que se suponía come niños, mata inocentes, sólo habla inglés y escupe fuego por la boca, y encontrarse, en cambio, con la sorpresa de unos señores que hablaban con serenidad cuando había que hacerlo, o con contundencia cuando era necesario, pero que en todo caso lo hacían con mayor cordura e inteligencia y un castellano mejor construido, e infinitamente mejor pronunciado, que el de los voceros de la cúpula roja.
Y esa ha sido la otra sorpresa que nos deparó el debate, que no diálogo de paz, del jueves 12. La de permitirnos comprobar los efectos demoledores que los catorce años de una sola cabeza, la del Comandante Celestial, pensando por todas las demás ha tenido en el intelecto de la dirigencia política roja.
Fue dramático. Metiendo en una licuadora el largometraje de sus intervenciones, apenas si podríamos obtener un mililitro de pensamiento. Lo que presenciamos aquella noche de jueves no fue otra cosa que pereza mental en estado puro, catálogo de carencias, pensamiento postergado, estancamiento intelectual a mares llenos.
No había ideas, solo consignas. No propuestas de futuro, sí recuerdo reiterativo de agresiones del pasado. A falta de soluciones y proyectos, sobredosis de resentimientos y reconcomios. Noche de lugares comunes lamidos ortodoxamente desde el siglo XIX por generaciones y generaciones de repetidores de consignas. Temíamos que los chavistas prendieran el ventilador frente al excremento, pero la noche terminó como un jueves de pupusitos ideológicos inoloros. Lo decía Ludovico Silva en Marxistas, marxólogos y marcianos: “Si los loros fuesen marxistas, serían marxistas dogmáticos”.
Asusta ver en lo que se han convertido algunos dirigentes, en otro tiempo amigos, a quienes alguna vez les escuchamos decir cosas por lo menos sensatas. No queda duda: el costo del poder puede ser una lobotomía y los caudillos todopoderosos sus mejores artífices.

domingo, 13 de abril de 2014

EL NACIONAL - DOMINGO 13 DE ABRIL DE 2014SIETE DÍAS/5
 

Siete Días

Diles que no nos maten 

TULIO HERNÁNDEZ

thernandez@el-nacional.com


ay que decirlo sin eufemismos. Si no fuese por las cuarenta lamentables muertes que, a los ojos de todos, han ocurrido en medio de la insurrección nacional que comenzó el 2 de febrero en el estado Táchira. O por el más de un millar de venezolanos detenidos y encarcelados, violados unos, torturados otros, privados muchos de libertad en cárceles comunes.

Si no fuese por el efecto revelador de los registros de la barbarie desatada por la Guardia Nacional Bolivariana, y los grupos paramilitares de Nicolás Maduro, puestos a circular por el planeta vía redes sociales, gracias a los miles de videos y fotografías hechos por ciudadanos convertidos en activistas de la nueva era comunicacional.

Si no fuese por el valiente trabajo de equipos periodísticos como el de Última Noticias que mostró con rigor incontestable la manera como guardaespaldas oficiales -­y no opositores "fascistas" como había dicho el gobierno- asesinaban a las primeras víctimas con las que se inició esta saga asesinatos políticos. O, por los reportajes de The New York TimesEl País de Madrid y CNN, entre tantos otros, que a fuerza de buen periodismo, convirtieron sus medios en trinchera de defensa de los derechos humanos.

Si no fuese por la persistencia titánica de los miles de descontentos que, en estrategia no por todos compartida, trancaron calles o se fajaron a palos y piedras con la policía, conformando verdaderas "zonas liberadas" en las más importantes ciudades del país poniendo al desnudo la intolerancia de un gobierno que antes del diálogo prefirió optar por ocupaciones militares nunca antes vistas, hechas con miles de efectivos, despliegue de tanquetas, tormentas de bombas, que tomaron por asalto zonas enteras de San Cristóbal, Puerto Ordaz o Mérida.

Si no fuese por el escándalo internacional que suscitó la prisión, con violación flagrante de derechos, del máximo líder del partido Voluntad Popular, y el paso a la clandestinidad de otros dirigentes del mismo partido, más la destitución y encarcelamiento de dos alcaldes recién electos.

O por la escucha internacional que han logrado las Comisiones viajeras de la MUD y recientemente la diputada María Corina Machado; las fracturas internas en los países miembros de la OEA; la ruptura impulsiva de relaciones diplomáticas con Panamá; los llamados de atención del gobierno alemán; la amenaza de sanciones emitidas por Washington; la exhortación de Lula a la convocatoria de un gobierno de coalición nacional, o la negativa de España a seguir vendiéndole material antimotines al gobierno venezolano por el uso delictivo que de ellos ha hecho por estos días.

Si no fuese porque el gobierno bocazas que amenazaba con poner de rodillas al imperio y ha invertido millones de dólares en desbocada carrera armamentista, no ha querido dialogar pero tampoco ha logrado sofocar, a pesar de los abusos y desmanes, la rebeldía callejera que desde inicios de febrero sacude la nación entera.

Si no fuese porque en estos dos últimos meses el país fue pareciéndose cada vez más a una desgracia y menos a una esperanza, a territorio en guerra y no a campo de confianza, a valle de lágrimas no a mar de la felicidad. Si no fuese por todo eso, la cúpula militar con presencia civil que nos gobierna jamás hubiese echado atrás en su más sólida estrategia frente a las fuerzas que no le siguen: la negación al diálogo.

Porque, ya lo sabemos, el diálogo ­el verdadero  -el que no es monólogo con público- implica el reconocimiento del otro como actor político legítimo. Reconocer al otro como actor legítimo es reconocerle su humanidad y su dignidad. Y reconocer ambas cosas a alguien es el primer paso para reconocer sus derechos y aceptar que hay reglas que respetar. Y cuando eso ocurre, la lógica totalitaria o está debilitada o prepara una nueva artimaña letal. 

Distinguir una cosa de otra será la gran tarea de la dirigencia política democrática que, por ahora, con condiciones muy claras ha aceptado dialogar a sabiendas de las razones por las qué el gobierno cambió, o simula cambiar, de opinión.

lunes, 31 de marzo de 2014

Comunicado de la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales sobre Hechos Graves en Hospital Privado
 
de San Cristóbal

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COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA

AVCH exige investigación y sanciones ante hechos irregulares ocurridos en el Centro Clínico San Cristóbal


  •  La Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales (AVCH) se dirige al país, ante los repudiables hechos ocurridos el pasado 18 de Marzo, tras la abrupta irrupción de un contingente de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana en las instalaciones del Centro Clínico San Cristóbal Hospital Privado C.A., miembro activo de esta Asociación.


  • La Nación entera debe conocer que cerca de las 9:30 a.m. de ese día, arribó un contingente de aproximadamente treinta (30) efectivos ataviados con los uniformes e insignias de la GNB, con varias tanquetas y vehículos pesados, el cual irrumpió por la fachada posterior del Centro Clínico San Cristóbal y, bajo amenaza al personal de Seguridad, ingresó accionando diversas armas hacia las áreas donde se encuentran los servicios de Hospitalización, Pabellón de Cirugía, Emergencia,  Unidad de Neonatología y Unidad de Cuidados Intensivos. Los efectivos ingresaron violentamente al Centro Clínico San Cristóbal, a pesar de los esfuerzos del personal médico  de advertirle la gravedad de la agresión que estaban cometiendo y la clara afectación a los pacientes que se encontraban en los distintos servicios de hospitalización, consulta y otras áreas comunes.

  • La presencia del grupo de efectivos uniformados de la GNB se extendió por espacio de unas 3 horas, tiempo en el que de manera reiterada y continua se violaron normas explícitas como las contenidas en las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus protocolos, que establecen que los Centros de Salud y Hospitales deben ser respetados aun en circunstancias en que se encuentren en desarrollo conflictos bélicos o cualquier tipo de conflicto armado (Artículos comunes 2 y 3) y otros tratados en materia de Derechos Humanos firmados y ratificados por la República Bolivariana de Venezuela, así como diversas normas, derechos y garantías consagradas en la Constitución, que van desde la exigencia de una orden de allanamiento, para el caso inexistente, hasta la salvaguarda del Derecho a la Salud de la población venezolana.

  • Como consecuencia de esta actuación de la GNB,  quedó un saldo lamentable de varios heridos por perdigones: uno en el cuero cabelludo, dos en los miembros inferiores, un cuarto con traumatismo de tejidos blandos en el brazo izquierdo y otros tres con insuficiencia respiratoria, así como un paciente que se trasladaba a una consulta cardiológica, alcanzado por gases lacrimógenos y con dolor precordial, crisis hipertensiva e hiperglicemia, que ameritó hospitalización. Otra cantidad de niños y adultos fueron severamente afectados a causa de los gases lacrimógenos, que llegaron a penetrar por los ductos de aire acondicionado a las zonas de Emergencia, Unidades de Cuidados Intensivos y Neonatología, quienes tuvieron que ser evacuados para poder apagar los Sistemas de Aire Acondicionado de los servicios de Pabellón de Cirugía, Emergencia, Unidad de Cuidados Intensivos y Neonatología, actuación contraindicada por las normas de funcionamiento de las Instituciones Hospitalarias, por cuanto afecta las condiciones que se requiere mantener este tipo de instalaciones medicas.

  • La Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales hace pública su denuncia ante el país y ante todas las instancias internacionales y nacionales de los graves hechos ocurridos el 18 de marzo de 2014  en las instalaciones del Centro Clínico San Cristóbal Hospital Privado C.A., expresa su máxima solidaridad con el personal médico, paramédico, administrativo, gerencial, técnico, pacientes, familiares y accionistas de  ese importante centro de salud privado, y exige a las autoridades Civiles y Militares de la República Bolivariana de Venezuela iniciar una investigación seria, imparcial, expedita y documentada que permita establecer las responsabilidades del caso y que eviten que en el futuro se repitan estos hechos en cualquier otra institución de salud del país.

  • Para la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales y sus instituciones asociadas, resulta una obligación ineludible bajo cualquier circunstancia, sea de paz o de conflicto nacional, atender con calidad y seguridad a todos los ciudadanos heridos y lesionados sin distingos de condición social o ideología, no solamente porque somos instituciones dedicadas a prestar servicios de salud, sino porque que adicionalmente, al estar conformadas por profesionales de la medicina, estamos regidos por principios éticos y profesionales muy claros y rigurosos de solidaridad humana.

  • En Caracas, a los veinticuatro (24) días del mes de marzo de 2014-


    JUNTA DIRECTIVA Y LOS 208 AFILIADOS
    ASOCIACIÓN VENEZOLANA DE CLÍNICAS Y HOSPITALES (AVCH)

La ilusión del diálogo

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La conclusión, entonces, es que el presente no se agota en la simple oposición a un mal gobierno, al cuestionamiento de los rojos por la inseguridad, la inflación, el despilfarro y la privación de libertades. Porque al final, gobiernos maulas siempre ha habido en todas las democracias.
Gran inseguridad hay también en México, El Salvador y Guatremala. Los argentinos son doctos en inflación. El Brasil de Rousseff vivió protestas masivas desatadas por las inversiones del mundial de fútbol. En el Chile de Piñera los estudiantes estuvieron con ardiente impaciencia reclamando educación gratuita. Y en casi toda Latinoamérica la libertad de expresión es motivo de conflictividad continua.
Pero, por ahora, nosotros somos el único país que en donde todas esas plagas llegaron juntas. El único, por lo menos en lo que va de siglo, donde las protestas han sido brutalmente reprimidas por el gobierno y han derivado en sublevaciones violentas, con visos de comuna de París, extendidas por el territorio y sostenidas en el tiempo. El único, además, donde salvo escarceos precisos como los ocurridos en Guatemala y Paraguay, con Zelaya y Oviedo, sus gobernantes mantienen la cantaleta incansable de un golpe de Estado en ciernes o un magnicidio inminente.
¿Dónde está la diferencia? Hay que buscarla en el hecho de que la mayoría de esos países, incluyendo Colombia que arrastra ese cadáver insepulto llamado FARC, han alcanzado niveles aceptables de convivencia pacífica entre sus ciudadanos gracias a haberse dotado de democracias, todavía insuficientes pero cada vez más avanzadas, que -con la obvia excepción de la nación cubana- permiten que haya diferencias internas con los modos de gobernar pero un acuerdo casi pleno con el sistema político conquistado.
No es ese nuestro caso. En Venezuela la élite en el poder, apoyada por una mitad de la población, se haya en estado de trance y, poseída por la idea mítica de “la revolución”, marcha obcecada -no importa cuanta institucionalidad, derechos humanos y vidas se lleve por delante-, intentando imponer a fuerza de ardides jurídicos, abusos de poder y represión militar un modelo político inconstitucional que genera resistencia convicta y confesa de la otra mitad que lo percibe como una violación de los pactos fundamentales que posibilitan la democracia. En condiciones semejantes, salvo que todos nos entregáramos a la pasividad resignada de vivir sin Estado de Derecho, la convivencia pacífica se hace imposible.
Así de simple. No estamos en una competencia democrática. En un forcejeo entre dos modos de gobernar. Estamos en una batalla entre dos proyectos de sistemas políticos divergentes y cuando eso ha ocurrido en la historia reciente de América Latina el dilema se ha resuelto por tres vías: el golpe o el autogolpe de Estado militar, abierto como en el Cono Sur, solapado como el fujimorismo en el Perú; la insurrección armada con -en algunos casos como Centroamérica de finales del siglo XX- visos de guerra civil; o, el diálogo, que lamentablemente, como en Nicaragua y el Salvador, siempre ha llegado después que la sangre de miles llegó al río.
El diálogo ha sido siempre la mejor salida. Lo sabía muy bien Adolfo Suárez al que toda España por estas semanas rinde homenaje. Se hace entre dos bandos que ya se mataron por miles y necesitan curar heridas. O entre dos que están a punto de hacerlo.
Pero diálogo no es monólogo con público escuchando. Ahora nos toca a nosotros. Nunca fue tan grande aquello de “Inventamos o erramos”. La frase de Simón Rodríguez a la que todo venezolano acude cuando no sabe qué hacer con su destino.  

miércoles, 19 de marzo de 2014

 Lectura colectiva por la LIBERTAD

19 de Marzo de 2014 a la(s) 7:28



«Para la libertad sangro, lucho, pervivo»
(Miguel Hernández, poeta)



Artistas  y ciudadanos
piden al Gobierno venezolano

En una sola palabra: Libertad



Con una lectura colectiva y por medio de una frase, un poema, una canción o una imagen y distintas voces se exigirá este miércoles 19, a las 10:00 am, en la sala Experimental del Centro Cultural Chacao, la libertad de los presos políticos y libertad del líder político Leopoldo López.

El reclamo de la ciudadanía al gobierno venezolano se eleva cuando ya se ha cumplido un mes desde que privaron de libertad al líder político Leopoldo López y, a con éste, a estudiantes y ciudadanos venezolanos.

Por ello en ese acto saldrán a la luz palabras, imágenes, peticiones y reclamos por la libertad en Venezuela y por esa libertad de pensamiento que, en su momento, propició el líder político Leopoldo López cuando construyó un entorno plural para los ciudadanos, convirtiendo al municipio Chacao en referencia nacional e internacional de cultura ciudadana.

Allí esas obras que desde sus primeras piedras y hasta hoy son testigos de pluralidad e inclusión: el Mercado Municipal de Chacao, La Biblioteca de Los Palos Grandes, La Sala Cabrujas, El Centro Cultural Chacao con la Sala Experimental, La Caja y El Teatro de Chacao, así como una gran cantidad de plazas y espacios públicos convertidos en lugares de encuentro del ciudadano con diversas manifestaciones artísticas.

Se darán cita artistas, músicos, escritores, poetas, periodistas, estudiantes e intelectuales, entre ellos, Rafael Cadenas, Sofía Imber, Elías Pino Iturrieta, Rodolfo Izaguirre,  Leonardo Padrón, Yolanda Pantín,Tulio Hernández, RAYMA, Javier Vidal, Julie Restifo, Carmen Ramia, Claudio Nazoa, Diego Arroyo, Diana López, Vasco Zsinetar, Lorena González, Deborah Castillo, Muu Blanco y Willy Mckey, entre otros, en un acto que contará con la conducción del periodista Alonso Moleiro.

También se leerá un Comunicado de Solidaridad con los estudiantes, con Leopoldo López y el pueblo venezolano redactado por intelectuales colombianos como Cobo Borda, Nadin Ospina y Piedad Bonett.


Centro Cultural Chacao, Sala Experimental, Av Tamanaco El Rosal
Miércoles 19 de marzo a las 10:00 am


Participa y firma esta petición:  goo.gl/p494QV

domingo, 16 de marzo de 2014

Los límites de la voluntad

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Para que la acción política democrática contra un régimen inconstitucional sea efectiva y logre sus metas no es suficiente con “tenerlas bien puestas”, como dice el habla popular venezolana, y lanzarse sin pausa ni tregua, arriesgándolo todo, a la protesta callejera. El pensamiento y la dirección estratégica de los procesos son fundamentales.
Es lo que parece confirmarnos el hecho de que, a pesar de la dura batalla que por más de treinta días han oficiado sin respiro miles y miles de venezolanos, el equipo de gobierno rojo no haya mostrado aún la más mínima voluntad de rectificación de sus políticas, el más pequeño acto de aceptación de sus errores o, más grave aún, un modesto gesto para aceptar que las protestas son la expresión legítima de millones de venezolanos cuya opinión y derechos deben ser democráticamente reconocidos.
No han sido suficientes el poco más de una veintena de muertos; el casi un millar de presos y procesados políticos; las decenas de torturados y ultrajados por las fuerzas del orden público y los escuadrones de la muerte eufemísticamente conocidos como “colectivos”; la condena por parte de la prensa mundial y las organizaciones internacionales de derechos humanos; los inmensos costos económicos en saqueos y destrozos ni, mucho menos, la paralización casi total del sistema educativo.
Nada. Salvo pocas y ambiguas aceptaciones de errores y un simulacro de diálogo (en realidad un monólogo con público invitado), el gobierno no abandona ni un segundo su único y repetitivo argumento: las manifestaciones no son legítimas, son una operación del imperio, la CIA y los poderes económicos nacionales para producir un golpe de Estado. En consecuencia actúa recurriendo, con una mano, a la Constitución y con la otra a las pistolas de sus escuadrones que distribuyen muertes por toda la geografía nacional; llamando verbalmente a la paz y, por la vía de los hechos, conduciendo el país a la guerra.
Un gobierno auténticamente democrático hace rato se hubiese sentado a dialogar de verdad. No hubiese permitido que la sangre llegara al río. Porque la revuelta ha sido lesiva al Poder. De una parte, porque hizo mostrar su lado sangrientamente totalitario tan bien maquillado por años y, simultánea y paradójicamente, su inmensa debilidad e incapacidad para disolver un levantamiento que ellos mismo han caracterizado como “minoritario”. Y, de la otra, porque ha puesto en evidencia que una parte importante del país está dispuesta a jugárselas todas –literalmente todas, incluyendo la vida, y esto no es un desplante sino una constatación –con tal de impedir que el socialismo del siglo XXI –su estatismo anacrónico, su sectarismo criminal, su incapacidad para garantizar el derecho a la vida y su capacidad para generar empobrecimiento– termine de consolidarse.
Como el Gobierno no va a dialogar, porque dialogar de verdad implicaría echar su proyecto para atrás y comenzar a respetar la Constitución, la mesa está servida para el enfrentamiento permanente. La ciudadanía común ya mostró su juego y su capacidad para la revuelta. Ahora le toca a la dirigencia opositora ponerse a la altura de las circunstancias, asumir de nuevo la conducción del proceso que se le fue de las manos, fijar el rumbo conectando con los sentimientos colectivos, retomar el testigo y las lecciones que la gente insurrecta en la calle nos está dejando, y entrar en una etapa de reflexión profunda, abandonando el pragmatismo electoral, la hiperquinesia proselitista y la improvisación táctica para, con el apoyo de analistas, pensadores y académicos, entrar a caracterizar con precisión al régimen y sus seguidores, y compartir visiones estratégicas, sin aferrase a dogmas –ni de la no violencia, ni de la violencia pura– a partir de una pregunta clave: ¿Cómo deben luchar los demócratas contra un poder que no lo es?
El poder usa las dos manos. En el marco constitucional ¿cuántas y cómo deben usar los demócratas ahora que, luego de su streaptease totalitario de estos días, los rojos ya no tienen nada que ocultar?

domingo, 9 de marzo de 2014

El diablo anda suelto

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Para crear ilusión de normalidad, intentaron acallarlo con el fulgor decadente de un Carnaval hecho de garotas famélicas y batucadas melancólicas transmitido en las cadenas radioeléctricas oficialistas. Pero la sangre derramada y el traqueteo incontenible de las armas de fuego y bombas lacrimógenas, las consignas coreadas por multitudes a todo lo largo y ancho del país, el humo de las barricadas y la estela de humillaciones y ruinas infames dejado a su paso por los “colectivos”, hacían un ruido imbatible. Ensordecedor.
El país entero, incluyendo la élite cada vez más militar que nos gobierna, entendió que no se trataba de una escaramuza más. Que estábamos, por el contrario, ante una de las más grandes, potentes y sui generis insurrecciones populares antigobierno que hayamos conocido en mucho tiempo.
No ha sido, como el legendario Caracazo de 1989, una insurgencia inesperada y devastadora, eminentemente caraqueña. Tampoco, como el fracasado golpe de Estado de 1992, una asonada dirigida por un puñado de militares conjurados. Menos aún, una movilización de masas como la de abril de 2002, que con apoyo militar derivó en golpe y en fracaso rotundo devolviendo la gente a sus casas presa de una inmensa frustración.
Lo que hemos visto por estos ya casi treinta días de revuelta es el comienzo de algo nuevo. Un levantamiento de carácter nacional. No es, como le gustaría al gobierno rojo, sólo una minoría haciendo guarimbas y creando disturbios. Se trata de una energía descomunal, una convicción profunda de millones de personas que a través de formas muy diversas de expresión, la gran mayoría pacíficas, están en las calles expresando su descontento ante la desoladora y extrema debacle nacional conducida por un gobierno terco, anacrónico e inconstitucional.
Más allá de los análisis y evaluaciones que ya hemos escuchado, la revuelta y la respuesta oficial nos han mostrado dos fenómenos que, a nuestro juicio, marcarán el futuro. El primero, decisivo, la aceptación pública del terrorismo de Estado como práctica “normal”. El reconocimiento, sin maquillaje ni eufemismos, por parte del presidente y su equipo de gobierno, de que el monopolio de la fuerza ya no está en sólo manos de las Fuerzas Armadas, que los colectivos de civiles armados, los paramilitares criollos, son parte fundamental de la escalada represiva contra la disidencia y que, de ahora en adelante, se arrecia una estrategia de confrontación entre civiles cuyas consecuencias desde ya producen escalofrío.
Y la segunda, no menos importante, ni menos preocupante, la transformación radical en las creencias profundas de un sector del bando opositor que ha pasado del actuar bajo liderazgo a la iniciativa espontánea y de la razón política a la ira personal. Una parte de la población, la que ha sufrido muertes, heridas, torturas, violaciones, humillaciones, destrucciones de bienes, atentados contra sus hogares, en carne propia, en sus entornos cercanos, o las ha presenciado por las redes sociales, ha entrado a una nueva dimensión del conflicto que no se vive ahora desde la abstracción liberal de la “lucha por la libertad” sino desde los demonios internos de la “legítima defensa”.
¿Quién puede frenar a los demonios? El gobierno cruzó la raya amarilla y se prepara para lo peor. Queda claro que no piensa ceder en lo esencial: aceptar que el proyecto político que intenta implantar es inconstitucional. Que fue rechazado en referendo por la mayoría. La dirigencia opositora tampoco la tiene fácil. El discurso de la construcción a largo plazo de una nueva mayoría, por las buenas y en no violencia, ya no es suficiente. “La salida”, como dice Fernando Mires, acertó al sacar a la oposición de su letargo, pero erró al calcular las fuerzas para apostar un todo o nada sin plan B. El futuro sin sangre dependerá de eludir ambos extremos. Mantenerse en la calle, en rebelión permanente, hasta que regresemos al orden constitucional, sin caer en la tentación violenta y confrontacional que le facilite al chavismo, su deseo mayor, suprimir las escasas libertades democráticas que aún nos quedan.