domingo, 14 de febrero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 2016OPINIÓN/7
 

Opinión

Los superhéroes también se exponen 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


as calles hablan. Basta ponerles cierta atención para encontrar en ellas datos que adelantan, o por lo menos ratifican, lo que las estadísticas económicas y las encuestas de opinión concluyen. En eso pienso mientras recorro el bulevar de Sabana Grande la tarde del martes de Carnaval cuando me encuentro con Superman.

Está de pie. Junto a una tanquilla del Metro de Caracas. Concentrado en el efecto que sobre su capa roja produce el chorro de aire tibio que brota a un lado, entre las rejillas. El mismo que levantaba las faldas de Marilyn Monroe y se hizo fotografía legendaria en la década de los 60. El rostro de serio goce del disfrazado anuncia que en cualquier momento despegará.

A un lado pasa el Capitán América. Mira la escena con cierto desdén. Camina también una Odalisca que deja en el aire una sonrisa. Los tres deben tener entre 5 y 7 años de edad. Pero Superman ni se inmuta. Con los brazos adelante, ya en plan de vuelo, debe mirar el mundo caraqueño desde la distancia de las azoteas.

Esta tarde de Carnaval la densidad de superhéroes en el bulevar es alta. Pasan El Zorro, Spiderman, la Mujer Maravilla. También reinas y princesas trajeadas de blanco, capa roja, cetro y coronas. A lo lejos se distingue un Bolívar, minoritario y extraviado. Pero, aunque me esfuerzo, no encuentro ni un solo niño disfrazado de militar a lo Hugo Chávez. Con aquellos trajes verde oliva de campaña, botas negras y boinas rojas de paracaidista que, años atrás, por estas mismas calles, se multiplicaban como chiripas. Algo cambió. El silencio también cuenta.

Una interpretación apresurada nos habla del desencanto y la restauración. En la Quema de Judas la población, incinerándolos o ahorcándolos, expresa su condena a los personajes públicos que lo hacen mal. En los disfraces elegidos para sus hijos, o seleccionados por ellos mismos, los padres y los niños expresan su Utopía, un grado confiable de admiración por el Otro en quien convertirse al menos durante los días de Carnaval.

La Utopía por ahora se ha tornado distopía: ¡Adiós a los paracaidistas!, parece ser el acuerdo silente. Ya nadie quiere encarnar a ninguno de los héroes golpistas de 1992. Es tiempo de desencanto. También de restauración. La gente común se refugia de nuevo en las mitologías del show business globalizado. La cháchara antiimperialista roja no logró expulsar a Superman, ni a sus iguales, del imaginario de masas local. Quizás porque el gran símbolo de la supremacía norteamericana defrauda menos. Cumple su promesa básica. Aún le afecta la kryptonita pero sigue vivo y volando. Lex Luthor y su imperio del mal no pueden con él.

Por razones de capitalismo salvaje, además, es más baratoEn las tiendas de la zona un disfraz promedio cuesta entre 10.000 y 20.000 bolívares. En cambio, uno de superhéroe americano, made in Koreapret-a-porter, se consigue en 2.900. En la Venezuela de la desigualdad, una trabajadora doméstica gana en un día entre 500 y 600 bolívares. Menos de un dólar.

La pobreza, como la peste, cuando se hace epidémica muerde en todos los nudos del tejido social. La gente se aferra a su derecho a la fiesta, pero la pobreza puede más. En el bulevar se respira una especie de alegría fastidiada. No ceder ante el infortunio, parece ser la meta. Pero los negocios de la zona no prestan los baños a los urgidos porque el agua está racionada. Las serpentinas son incomprables. Los más entusiastas se resignan a pequeñas bolsas de papelillo que esparcen racionándolo. Un paquete del tamaño de dos puños, cuesta medio salario mínimo.

Al caer la tarde la calle se va calentado. Las máscaras de los adolescentes que en grupos dispersos arriban al lugar cubren el rostro de la barbarie. A eso de las 9 de la noche estalla un ritual violento conocido como "la tángana". Los enmascarados saquean detergentes de Farmatodo y lo esparcen en la calzada. Hay bombas lacrimógenas, disparos, botellazos. Heridos.

La pobreza te obliga a administrar la esperanza con criterio de escasez. Pienso en el Superman de la Plaza Brión y deseo que haya llegado sano y salvo a su barrio. Nada más. Para que siga volando.

domingo, 7 de febrero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 07 DE FEBRERO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

El Estado Mayor de la Cultura"El lenguaje construye realidades, delata intenciones"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


primera escucha, un Estado Mayor de la Cultura puede remitir a algo tan excéntrico, patético o chocante como un general obeso, pantalones de malla ajustada, zapatillas blancas y boina roja, haciendo de Príncipe Sigfrido en una puesta en escena socialista del Lago de los Cisnes.

Excéntrico porque, sin duda alguna, institución militar e institución cultural son agua y aceite. Al menos en las sociedades democráticas, donde se constituyen desde lógicas opuestas. La cultura, y en particular las artes, son el espacio de la libertad, el placer estético, la imaginación y la irreverencia. Por eso la Constitución venezolana comienza su artículo 98 afirmando rotundamente que "La creación cultural es libre...".

Y todas las doctrinas constitucionales de avanzada tienen como punto de partida reglar la responsabilidad del Estado en materia cultural pero basándola siempre en el principio de no injerencia de los gobiernos en los contenidos de aquello que se auspicia.

La institución militar, en cambio, incluso en las naciones democráticas, toda vez que es la responsable de ejercer para el Estado el monopolio de la fuerza a través de las armas, es una organización piramidal, jerárquica y no deliberante. Basada en el principio de la obediencia y en aquel axioma de que "el superior siempre tiene la razón y más cuando no la tiene". Y debe ser así, de lo contrario imaginemos el día cuando lleguen los marines, como se aguarda pacientemente desde hace 17 años, a un soldado raso informándole a su superior que quiere disparar su Kalashnikov con un toque ligeramente figurativo y no con el cinético que propone el Estado mayor.

Sería un desastre. Ni el Chino Valera Mora, ni Shakespare, mucho menos Alfred Jarry el autor de Ubu rey, ese alegato teatral contra el poder sin límites, hubiesen sobrevivido en un aparato militar.

Especulaciones aparte, el Estado Mayor de la Cultura ya existe en Venezuela,convocado y presidido por el ministro de Cultura.  Fue presentado en sociedad la pasada semana y, por suerte, está conformado por civiles. Por reconocidos artistas e intelectuales que en su mayoría tiene una labor valorada desde la era democrática, los tiempos del bipartidismo, por las instituciones culturales y universitarias con financiamientos, cargos, premios y giras internacionales, a través de organizaciones como el Inciba, el Conac, Foncine, Fundarte, la Cinemateca Nacional o las compañías de ballet.

Sin embargo, quienes conformen el Estado mayor es un asunto secundario, el organismo nació con falla de origen. Porque, fue lo que nos enseñaron Pierce, Barthes, Bajtin, Eco o Chomsky, y entre nosotros Montejo y Cadenas, todos sabemos que las palabras no son inocentes. Que el lenguaje construye realidades, delata intenciones, le confiere sentido (denotación) y valor (connotación) a las relaciones humanas. No lo olvidamos: "En el comienzo fue el verbo".

Y allí viene lo patético. Cuando desde el poder político se impone el uso del lenguaje militar en los asuntos civiles es porque, elemental, está en marcha un proceso de militarización de la sociedad. No hay más. El término Estado mayor refiere, acudamos al DRAE, al "punto central donde deben determinarse y vigilarse todas las operaciones de (una división militar) según las ordenes comunicadas por el estado mayor general y el general comandante de ella". Es un asunto bélico. No por casualidad el primer Estado mayor lo instauró en 1795 el general francés Luis Berthier para enfrentar la guerra con el ejercito italiano.

Confieso que me resulta penoso imaginar una caricatura que muestre a un grupo de cineastas, arqueólogos, cantantes, pintores y bailarinas metidos en sus uniformes verdiolivas con charreteras formando parte de una junta de oficiales desde donde se "determinan y vigilan todas las operaciones". Podría ser risible. Si era un organismo consultivo ¿por qué no lo llamaron, por ejemplo, Ágora Cultural para recuperar el espíritu helénico de conversa en la plaza? Incluso, Consejo a secas, como el que recién ha convocado el presidente saliente para buscar salidas a la tragedia económica.

Viene al caso aquel verso del chino Valera Mora en Relación para un amor llamado amanecer cuando añora un planeta : "Donde no hay academias militares... Donde los últimos insidiosos escaparon por un túnel y cayeron al vacío".

domingo, 31 de enero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 31 DE ENERO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Solo una mentira más 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


El socialismo no existe en Venezuela. Lo que se supone es un modo de organización de la sociedad y la economía alterno al capitalismo, no se construyó en estos años de gobierno. Fue solo una consigna. Es una asignatura pendiente.

Quien esto afirma no es un activista opositor. Palabras más, palabras menos, es lo que el domingo pasado declaró Aristóbulo Istúriz, nuevo vicepresidente de la República, en el programa televisivo conducido por José Vicente Rangel, años atrás también vicepresidente.

La declaración de Istúriz, un dirigente político experimentado, obviamente no es inocente. Primero se blinda cumpliendo la tarea de repetir la lección oficialista de la guerra económica, el imperio, la oligarquía y toda la conocida argumentación roja. Pero luego va directo al grano de su acrobática argumentación central: el proyecto socialista no ha fracasado en Venezuela por una sencilla y única razón, porque no existe. Lo que ha fracasado es el viejo rentismo petrolero, el verdadero modelo económico de estos diecisiete años.

Para aquel sector del chavismo que se ha tomado en serio la idea de que en Venezuela ocurrió una revolución, la de Istúriz debe resultar una confesión de fracaso. La aceptación de una estafa. Pues, si lo que dice es cierto, el gobierno debería, de inmediato, borrar todas las vallas y eliminar los spots televisivos que anuncian sus logros como "Hecho en socialismo".

Para preservar la esperanza en el proyecto, en el socialismo, el vicepresidente ha recurrido a la condena parcial de los diecisiete años de gobierno homologándolo en su economía a todos los gobiernos anteriores, desde Gómez hasta Caldera II.

Algo parecido hicieron muchos teóricos marxistas cuando el fracaso del comunismo era inocultable. Se inventaron el concepto de "socialismo realmente existente", para intentar demostrar que ese no era el proyecto verdadero. Que el modelo original dibujado por Marx, el comunismo como etapa histórica superior de la humanidad, estaba en lo correcto pero que la manera como lo aplicaron soviéticos y chinos había corroído lo esencial de la Utopía igualitaria. La práctica era una aberración. Pero la teoría seguía impoluta. Libre de culpas.

El pensamiento dogmático generalmente está asociado a un proyecto de creación de una nueva sociedad que sus agentes asumen como parte de una verdad ya escrita paso a paso desde el comienzo hasta el final. Cuando la realidad no responde dócilmente a los dictámenes del proyecto, sobrevienen entonces las armas, el abuso de poder, la coerción y el terror para hacer que la práctica cuadre "como sea" con la teoría. O llega el fracaso. La pérdida del poder.

Acostumbrados al blanco y negro, lo no controlable los paraliza. Por eso los proyectos autoritarios no se avienen con el futuro. Su zona de confort, su manual de conceptos elementales, está en el pasado. De allí la sobredosis de héroes, citas a pensadores y referencias a ejemplos históricos que saturan su discurso.

Por la misma razón el chavismo, como los malos cristianos, elude responsabilidades, le cuesta asumir sus culpas. Saben que la debacle económica los asedia, pero hacen todo lo posible por postergar las acciones correctivas porque, salvo que se las ingenien, todos los caminos conducen al aumento de la gasolina, el freno de la máquina que imprime dinero inorgánico, la reducción del déficit fiscal y la eliminación del subsidio cambiario que consume 15% del PIB.

Como Uslar en el pasado, proponen ahora contra el rentismo una sociedad productiva. Pero una sociedad productiva, lo saben bien los chinos, los únicos comunistas que sobrevivieron a la debacle, necesita de la iniciativa empresarial. Y a la iniciativa empresarial la asfixian los controles estatales.

Isturiz ha revivido el dilema hamletiano del presidente Pérez: "Ni capitalismo ni socialismo, sino todo lo contrario". Jesús Martín Barbero nos dio el antídoto: No hay que caer en la trampa neoliberal, que cree que sólo el mercado crea sociedad, ni en la de la izquierda estatista, que cree que el mercado no crea sociedad.

No era del siglo XXI. Era invisible. Sólo una mentira más. 

domingo, 24 de enero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 24 DE ENERO DE 2016OPINIONES/7

Opiniones

El culto es tuyo.

"Quienes profesan otra cosa y lo homologan a Jesús o a Bolívar tienen derecho a hacerlo, pero no pueden someter, por la fuerza, a los demás a sus creencias"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


Escribo este artículo con la laptop flanqueada por dos relojes y dos estampas. Un reloj es de correa negra. El otro, roja. Las estampas, multicolores.

El de correa negra lleva impresa en su esfera de fondo blanco la imagen de Hugo Chávez, escoltado a la izquierda por la del Che Guevara y a la derecha por Simón Bolívar. La de Chávez es una fotografía en traje civil. Corbata roja. Ya entrado en años y en peso. Pero aún no desfigurado por la enfermedad que vino después. La del Che, es el famoso retrato del "guerrillero heroico", tomada por Korda, cientos de millones de veces vendido en las tiendas turísticas del mundo capitalista. Y la de Bolívar, todavía el gobierno no había encargado la versión pret-a-porter, es uno de los perfiles más conocidos, el pintado por Gil de Castro. El reloj lo regalaban a los participantes del Foro Social Mundial realizado en Caracas en 2006, cuando la idea de una marea roja en América Latina estaba en pleno apogeo.

En el de correa roja, con la leyenda PSUV repujada sobre el plástico, Chávez está sólo. Se trata de la conocida imagen del teniente golpista anunciando el "por ahora". Un militar joven, delgado, boina roja y traje de campaña. Como telón de fondo, ocupando toda la esfera, el estandarte tricolor y a un lado las siglas del 4-F, el día del fallido golpe de Estado que anunció la entrada del chavismo en la política nacional.

Era uno de los tantos souvenirs que vendían los buhoneros en los alrededores del paseo Los Próceres durante los funerales de Hugo Chávez. Una amiga lo compró y me lo obsequió para que formara parte de una colección de fetiches políticos que pronto abandoné.

Las estampas ya son de otro nivel. En la primera, con un trazado mitad caricatura mitad arte popular, Bolívar con su vestimenta heroica le entrega su espada a Hugo Chávez, vestido de militar pero portando la banda presidencial. Mientras, detrás, un Jesucristo hippie, mitad real, mitad aparición, bendice el encuentro colocando sus manos divinas sobre los hombros de ambos hombres ahora igualados a próceres.

En la segunda, la fotografía, una versión chavista de La última cena, un mural pintado en la urbanización 23 de Enero, en otra época un bastión rojo, aparece Jesús acompañado a la derecha por Marx, Lenin, Mao, el Che, Fidel y Tirofijo y, a la izquierda, por Bolívar, Chávez, Simón Rodríguez, Andrés Bello y el cacique Guaicaipuro. No hay límites en el culto a Santo Chávez.

Cada quien tiene derecho de adorar a quien quiera o lo que quiera a su manera. En Argentina hay quienes veneran a Maradona y hasta existe una iglesia maradoniana. En su libro El Emperador, Kapuchinski nos muestra a un personaje, Haile Salasie, quien gobernó Etiopía como monarca absoluto por casi 50 años, quien se hacía llamar, y tratar como tal, el Rey de Reyes, el Elegido de Dios, Muy altísimo Señor, Su más Sublime Majestad, el descendiente directo de Salomón y hasta hombres geniales como Bob Marley se lo creyeron.

Lo que no debe ocurrir es que un culto de esta naturaleza, una opción individual, sea impuesto como razón de Estado. No en una democracia. Por eso es tan importante lo que comenzó a aclararse con el retiro de las imágenes de Hugo Chávez del Parlamento. La Asamblea Nacional es una institución que existe precisamente para dar cabida a la pluralidad de miembros de un país, por lo tanto no puede ser personificada por ninguna imagen que exprese una particularidad política y represente solo a una parte de la población.

Desde una perspectiva institucional, Hugo Chávez merece el mismo trato, ni más ni menos, que cualquier otro ex presidente venezolano de la era democrática. Quienes profesan otra cosa y lo homologan a Jesús o a Bolívar tienen derecho a hacerlo, pero no pueden someter, por la fuerza, a los demás a sus creencias.

Miro los dos relojes y me parecen graciosos. No siento veneración alguna. Como imagino no la sentirían muchos rojos ante una gigantografía de Betancourt, escoltado por Bolívar y Vargas, colocada en el Palacio Federal. El Parlamento para la convivencia ciudadana. Los santos para la fe individual. 

domingo, 17 de enero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 17 DE ENERO DE 2016OPINIÓN/7
 

Opinión

El método Fujicapone 
TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


. No importa con cuánta diplomacia se hubiese comportado la bancada democrática en el inicio de sus funciones, el resultado final hubiese sido el mismo.
Nada se hubiese alterado si Henry Ramos Allup, como un rey mago, llegaba al acto de instalación de la nueva Asamblea Nacional ofreciendo presentes a los jefes rojos. 
Una corbata para Carreño. Un fular para Flores. Un mazo de alabastro para Cabello. 
Lo mismo si al final de la sesión Julio Borges invita a la bancada roja a depositar a cuatro manos una ofrenda floral ante las imágenes de su comandante eterno. 
Diosdado Cabello se hubiese declarado en rebeldía denunciando que se trataba de un intento de soborno. Carreño subiría atropelladamente al presidio calificando la invitación de Borges como un ardid para apropiarse de un símbolo sagrado. Y Maduro, en cadena nacional, amenazaría con volverse loco y convocar al pueblo armado a impedir que las "cochinas" flores del imperialismo y la oligarquía mancillaran la pureza del hijo predilecto del Libertador. 

2. Porque lo que está en juego, desde mucho antes de la realización de las elecciones del 6-D, cuando la cúpula militar-cívico que controla el país tomó conciencia de su inminente derrota, es la aplicación del mismo guión que desde hace poco más de una década ejecuta el oficialismo cada vez que sufre una derrota electoral. 

Lo llamaremos de ahora en adelante el "método Fujicapone", una técnica de gobierno que consiste en actuar de manera explícita e intencionalmente delictiva pero intentando mantener al máximo y por el mayor tiempo posible la sensación de legalidad. Una suma de los aportes del ítalo de Brooklyn y el nipón de Lima. 

Chávez era un maestro en la aplicación del método. Reconoció el triunfo aplastante de Antonio Ledezma sobre Aristóbulo Istúriz, pero convirtió a la Alcaldía Metropolitana en un cascarón casi vacío, le arrebató su sede y propiedades, más buena parte de sus competencias. Creó por decreto un gobierno paralelo nombrado a dedo desde el trono de Miraflores. Maduro cerró el círculo secuestrando al alcalde con un comando armado y enviándolo a prisión hasta el día de hoy. Reconoció también el triunfo de Henrique Capriles sobre Elías Jaua, el homófobo ejemplar, pero le creo al perdedor otro aparato de gobierno paralelo que recibía tantos o más recursos del gobierno central que la propia gobernación. 

Aceptó los triunfos renovados de Leopoldo López en la Alcaldía de Chacao, pero terminó inhabilitándolo políticamente por 12 años a través de un contralor apellidado Russián. Maduro entró en escena y ahora Leopoldo, desde febrero de 2014, es otro preso de conciencia privado de sus derechos.

3. No había, por tanto, que esperar un actuar diferente en el caso de la Asamblea Nacional. Cabello exhibió el plan en noviembre del 2015. "Si no obtenemos la mayoría en las elecciones de diciembre, aquí va a haber un conflicto de poderes", declaró. El 15 de diciembre, ya recuperado del knock out fulminante del 6-D, Maduro lo ratifica. Lo dijo en público: "Esto no se va a quedar así, nosotros vamos a cambiar esta situación". El 30 de diciembre la amenaza se hizo realidad, una sala del Tribunal Supremo, asestó un golpe directo a la voluntad popular impidiendo a tres legisladores electos asumir las curules para las que ya habían sido proclamados por el árbitro electoral.

4. Hay dos maneras de ir al matadero sin proceso legal. Aceptándolo sumisamente, a ver si en el camino, por bien portados, se logra el perdón. O, pataleando, protestando y denunciando el abuso, que si no te puede salvar la vida deja constancia histórica del abuso. Es, a mi juicio, lo que bien viene haciendo la bancada mayoritaria.

En algún lugar lo leí y con gusto lo cito: "Nadie puede llegar a una cárcel de alta peligrosidad con un Manual de Carreño como guía". Tampoco, agregaría Mandela que hizo las dos cosas bien, sin capacidad para negociar y replegarse cuando sea necesario.

Al final Capone se descuidó con los impuestos y Fujimori paga una pena de 25 años en una cárcel peruana.

También los métodos delictivos tienen fecha de vencimiento. 

domingo, 10 de enero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 10 DE ENERO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Anatomía de un instante
"El desplante de Rodríguez arrebatando los micrófonos, como el instante decisivo del acto del 5 de enero. Porque tanrevelador como el gesto patán de Rodríguez fue el actuar impasible de Julio Borges"


TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


o fue el abuso de poder del piquete de policías bolivarianos, rolos eléctricos y escudos antimotín de por medio, prohibiendo el paso a 40 diputados de la nueva mayoría que se dirigían al Palacio Federal al acto de juramentación de la directiva de la Asamblea Nacional.

Tampoco el hecho de que esa mañana del 5 de enero solo pudiesen juramentarse 109 de los 112 diputados proclamados la noche del 6 de diciembre por el Consejo Nacional Electoral. Una sala del Tribunal Supremo, en acto desesperado para impedir que se instalara la mayoría absoluta obtenida en cuentas claras por la MUD, había decidido impugnar la elección de tres diputados de Amazonas echando para atrás lo que el Poder Electoral ya había decidido.

Menos aún el fracasado, por evidente y torpe, intento de los líderes de la bancada roja, desmontado por la veteranía de Ramos Allup, de generar caos y confusión en el presidium del Hemiciclo con el propósito de que el acto de instalación se suspendiera, terminara a barrigazos o, por lo menos, quedase enlodado.

Para un buen observador lo más significativo de aquel aquelarre ocurrió cuando Héctor Rodríguez, jefe de fracción de la petite bancada roja, en un acto de gamberronería de esquina, y en el más puro espíritu del anterior presidente de la Asamblea, se abalanzó sobre la tribuna de oradores y echó a un lado con un golpe de nudillos el par de micrófonos a través de los cuales Julio Borges, jefe de fracción de la bancada democrática, hacía uso del derecho de palabra que el presidente de la Asamblea le había concedido.

Jactancia pura y dura. Justicia tomada por mano propia. Negativa a aceptar el control perdido de la institución corazón de la democracia. Largos años de jefatura absoluta convertidos en convicción de ser dueños de casa, revelan con la transparencia del agua cristalina el espíritu bélico, la conducta malandra, que ha dominado hasta ahora el actuar público de una buena parte del funcionariado rojo.

Por eso, usurpando el título del libro de Javier Cercas que desteje la maraña de hechos que rodearon el fracasado intento de golpe del general Tejeros, escenificado en 1981 en la Sala de Diputados de Madrid, veo y reveo este momento. El desplante de Rodríguez arrebatando los micrófonos, como el instante decisivo del acto del 5 de enero. Porque tan revelador como el gesto patán de Rodríguez fue el actuar impasible de Julio Borges.

Aunque el golpetazo ocurrió frente a su cara, el jefe de la fracción democrática ni se inmutó. Aguardó estoicamente hasta que el berrinche se diluyera. Seguramente, como un budista zen, contuvo la convocatoria primate de la testosterona. Y ecuánimamente, desoyendo los gritos que sobre su nuca emitían algunos diputados más enrojecidos que nunca, se dirigió a los presentes como si nada estuviese ocurriendo a su alrededor.

Fuego apagado. Prueba superada.

La minoría roja y perpleja se retiró de la sesión. El acto concluyó como debía. El sistema de medios oficialista le hizo un black out a la Asamblea. Los canales privados, Televen, Venevisión y Globovisión, cumplieron con el deber de transmitir hasta el final la que sin duda es una de las jornadas de institucionalidad democrática más importantes en toda la historia de Venezuela.

Durante mucho tiempo sostuve que una de las grandes dificultades para enfrentar al chavismo derivado en madurismo era que los venezolanos demócratas sabían cómo hacer política en democracia y, como todavía hay muchos que la vivieron, cómo luchar en dictadura. Pero poco o nada se sabía de cómo enfrentar los ardides efectivos de los nuevos totalitarismos con legitimidad electoral, las dictaduras posmodernas, los populismos autoritarios, las dictablandas o como quiera que se llamen los regímenes que, como el chavismo, ocultan tras la máscara electoral la ambición del poder total.

La derrota aplastante en las legislativas, la mayoría absoluta obtenida por los demócratas y las técnicas lutherghandianas puestas en práctica en la instalación de la Asamblea me hacen pensar que el aprendizaje ha sido rápido. Ahora, a torear la bestia herida. 

domingo, 3 de enero de 2016

EL NACIONAL - DOMINGO 03 DE ENERO DE 2016OPINIONES/7
 

Opiniones

Ahora es tarde 

TULIO HERNÁNDEZ 
thernandez@el-nacional.com


l éxito de un proyecto político no se mide por el tiempo que sus actores duren en el poder sino por la capacidad para hacer realidad las causas sociales que le dieron origen. La UR SS duró 74 años pero todos sabemos que ya en los tiempos de Stalin era un proyecto derrotado y burocrático sobreviviendo a fuerza de terror que nada tenía que ver con la "etapa superior de la Humanidad".

El chavismo ha logrado mantenerse 16 años continuos en el poder, y es psosible que todavía se mantenga un tiempo más, pero ya está claro, y no sólo por la derrota inclemente del pasado domingo 6 de diciembre de 2015, que respira entubado y que, como el sandinismo, está condenado a ser un actor político importante pero no el gestor de una revolución socialista. Menos de una renovación de la democracia.

Independientemente de los demás factores ­la corrupción, la inoperancia, la improvisación, el populismo­ el fracaso del chavismo, aún teniéndolo todo de su lado, hay que asociarlo a dos dilemas estructurales que la cúpula dirigente durante su mandato no supo resolver.

El primero fue la incapacidad de decidir entre tomar el camino de la revolución en su sentido más tradicional ­de giro brusco y radical de la sociedad, su economía y su aparato de Estado­, o tratar de hacer los cambios a un tempo más pausado tratando de jugar responsablemente, por aquello del nuevo equilibrio internacional, en la mesa de la democracia.

El segundo dilema fue la postergación permanente de la batalla capitalismo-socialismo. Entre la implantación real del prometido socialismo del siglo XXI, es decir, la instauración, como dicen los marxistas, de un nuevo "modo de producción" que sustituyera y superara al capitalismo culpable de todos los males o el desarrollo de un régimen de convivencia entre el modo de producción capitalista y la economía de mercado con formas de propiedad alternas que fueran avanzando, sin traumas como los que vivimos, hacia una economía mas social.

En el primer dilema, el chavismo estaba mejor preparado para la primera vía. Su ADN marcado por el origen insureccional armado le ayudaba. La disciplina militar facilita lo que las revoluciones requieren para tomar el poder total: expropiar, exiliar, cambiar la moneda, reprimir, estatizar la economía, apresar, torturar, masacrar e imponer un modelo político sin someterlo a debate.

Pero quiso la historia que los golpes de Estado del 92 fracasaran y que el proyecto de insurección previsto para 2012 desapareciese una vez que Hugo Chávez ganó las elecciones de 1998 y se vio obligado a gobernar como si estuviese en revolución pero con el corsé de la democracia. Con la idea de construir una hegemonía absoluta sin adversarios molestos, se embarcó en cientos de elecciones y movilizaciones que le dieron legitimidad de masas a su proyecto autoritario pero le impidieron gobernar con visión de largo plazo.

Como en las premoniciones de Cabrujas el país se volvió más campamento que nunca y el aparato de Estado un paquidermo obeso, bravucón pero tambaleante, sostenido sobre cuatro patas de galgo inglés. No hubo gobierno fuerte, revolucionario. Amenazaban al imperio pero un pran les lanzaba una granda y sus guardias corrían a esconderse. Tampoco hubo modernización institucional, democrática. Crearon un híbrido triste que algunos llamamos Estado malandro.

Tampoco hicieron una nueva economía. No hubo imaginación social ni siquiera para experimentar seriamente con las cooperativas como forma de democratización de la propiedad. No hay socialismo alguno. El país es absolutamente capitalista. McDonald’s y Polar siguen con buena vida. Las empresas llamadas socialistas funcionan en esencia como las empresas estatales del bipartidismo. Pero con menos eficiencia.

Expropiaron, invadieron unidades productivas, regularon precios pero no supieron que hacer para sustituir lo que destruían. Para seguir en marxismo, no supieron llevar a su molino las ventajas posibles de explotar nuevas relaciones entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. El comandante supremo los hipnotizaba. La pereza mental los adormecía. Ahora es tarde.